Aportes para la agenda de México durante y después de la pandemia

Desempleo y pobreza: el círculo vicioso tan temido

 
Saúl Escobar Toledo

INAH

@saulescoba

A estas alturas del año, finales de mayo de 2020, el desorden y la incertidumbre privan en el mundo. Algunos países europeos y los Estados Unidos empiezan a poner en marcha las actividades paralizadas por la pandemia durante varios meses, pero lo están haciendo de manera diferenciada y, además, dentro de cada nación, cada región en un momento distinto. Ello se debe no solo a las características epidemiológicas de la enfermedad sino también a discrepancias políticas y al desconocimiento de la evolución del virus y sus secuelas materiales. No hay seguridad de que una vez que los trabajadores vuelvan a sus puestos, se puedan impedir nuevos brotes de contagio.

Tampoco está claro qué tan rápido y hasta dónde se podrán reconstruir las cadenas de valor a nivel mundial. En el sector servicios, por su parte, hay sectores económicos como el turismo, muy intensivo en mano de obra, que no recuperará su nivel en mucho tiempo. Y falta por ver los efectos del shock de la demanda sobre la oferta (la caída en el consumo final y su afectación a la producción de mercancías).

Por todo ello, en los próximos meses, digamos hasta el tercer trimestre del año, será el momento oportuno para hacer un balance de la crisis en materia económica, incluyendo los impactos en los sectores productivos, el comercio internacional, la inversión y, desde luego, el empleo.

Ante tanta incertidumbre y los malos datos que ya se tienen a la mano, distinguidos e influyentes personajes han recurrido a la historia. Por ejemplo, la directora del FMI señaló en abril que la pandemia de coronavirus causará "las peores consecuencias económicas desde la Gran Depresión"[1], y que más de 170 países de 189 países miembros, experimentarán una contracción en su renta per cápita. Por su parte, el secretario de hacienda de México declaró, pocos días después, que los efectos del COVID-19 representan la “situación más retadora para la economía mundial desde el crack del 29[2] ”.

La comparación con aquel evento sucedido hace casi cien años es relevante, porque los efectos de la Gran Depresión no solo fueron económicos. De una manera u otra, por ejemplo en Europa, los historiadores han vinculado el colapso de la economía mundial con diversos conflictos políticos que llevaron, aunque no directa ni inexorablemente, al arribo al poder de los nazis y a la segunda Guerra Mundial[3].  En Estados Unidos, por su parte, la crisis tuvo como principal legado el New Deal, lo que provocó importantes cambios políticos e institucionales.  Entre ellos una mayor regulación del Estado sobre el mercado y   una “redistribución del poder entre el trabajo y el capital”.  Y, luego, en la posguerra el surgimiento del Estado Benefactor.

En América Latina, la recesión fue, en general, menos severa, pero llevó a mudanzas muy notables. En algunos países, abrió el camino a lo que se conocería como el modelo de industrialización por sustitución de importaciones (ISI). En México, el impulso de la revolución y los efectos del 29 pueden ayudar a explicar los cambios ocurridos durante el Maximato y el gobierno de Lázaro Cárdenas: por ejemplo, la Ley Federal del Trabajo en 1931 y posteriormente la reforma agraria y la expropiación petrolera de 1938.

Además, la Gran Depresión dio lugar a un nuevo conocimiento encarnado principalmente en la obra de John M.  Keynes. Según uno de sus biógrafos más distinguidos[4], el economista originario de Cambridge, Inglaterra, proporcionó los fundamentos teóricos para una intervención cada vez mayor en la economía.  En sus escritos, argumentó que, frente una recesión, el gobierno debe financiar directamente la creación de puestos laborales pues de esta manera se producirá un efecto multiplicador de los ingresos, lo que ayudará a restablecer la actividad económica en su conjunto. 

En América Latina, por su parte, la obra de Keynes también tuvo un gran impacto y se tradujo en un nuevo pensamiento económico a nivel regional: el estructuralismo propuesto entre otros por Raúl Prebisch a través de la CEPAL. Al respecto, Aníbal Pinto escribió que los países más avanzados de la región,

...urgidos por las circunstancias que crearon la Gran Depresión y la segunda Guerra Mundial, habían emprendido con energía la transformación de sus estructuras económicas, apartándose del modelo de “crecimiento hacia afuera” … (Sin embargo), no se había producido un proceso similar de reajuste en el plano intelectual, en el que continuaban dominando los conceptos y las teorías afines al antiguo sistema. En algunos casos los criterios vigentes se habían enriquecido con elementos de la nueva escuela keynesiana, pero la absorción aquí también había sido indiscriminada y superficial…

Las contribuciones de la CEPAL se dirigieron entonces a “elaborar una interpretación conceptual de lo que la mayoría de los países de la región…había venido haciendo a partir de la crisis”.  De ahí pasaron a la crítica “de la teoría prevaleciente de la división internacional del trabajo —o, si se quiere, del comercio exterior—, tal como era vista desde los países del centro”; y a fundamentar “en nuevos términos el proceso industrial y… la diversificación del sistema productivo a través de la difusión del progreso técnico”[5].

Durante varias décadas, los objetivos del pleno empleo en las naciones más desarrolladas, y la industrialización en América Latina en un contexto de dependencia o periférico, fueron temas centrales del debate político y académico.

La estanflación de la década de 1970 dio lugar al desprestigio de las políticas vigentes. Según Skidelsky, “Debido a que los gobiernos (apoyados en la teoría keynesiana) otorgaron más importancia a mantener el desempleo bajo que a suprimir la inflación, los presupuestos se volvieron cada vez más desequilibrados”. Ello abrió la puerta para la contrarrevolución monetarista. La nueva ortodoxia económica, respaldada por el presidente estadounidense Ronald Reagan y la primera ministra británica Margaret Thatcher a principios de la década de 1980, sostuvo que el mercado, no la política gubernamental, debería establecer la tasa de desempleo. La teoría que se impuso aseguraba que “con mercados laborales totalmente flexibles, la ocupación encontraría automáticamente su tasa natural o de equilibrio”[6].

Sin embargo, la Gran Recesión que comenzó en 2008 volvió a sacar del cajón las principales lecciones de Keynes. Además, “el fracaso de la política monetaria para evitar este colapso económico o lograr una recuperación duradera había desacreditado el enfoque monetarista de la gestión económica”.

 

 

La crisis actual exige poner en el centro el tema del empleo

La crisis que vivimos hoy no se ha derivado, como en 1929, 1982, 1994 y 2008, de una debacle financiera, sino de una enfermedad contagiosa que ha obligado a la reclusión de las personas en sus hogares y a ausentarse del trabajo. Estamos entonces en una situación particular que exige poner en el centro el tema del empleo y de los ingresos de las familias, tanto para evitar un shock del lado de la oferta como del lado de la demanda.

De ahí que, a pesar de las divergencias intelectuales y la ineficacia de algunas políticas puestas en práctica para combatir las crisis sufridas en los últimos cien años, todo ello no debe ocultarnos que algo se ha aprendido desde la experiencia de 1929. Eso explica la coincidencia actual en el sentido de que el mercado no corregirá la distorsión causada por la epidemia y que resulta indispensable la intervención del Estado. Una lección que hoy, el FMI, el BM, la UNCTAD, la CEPAL, diversos colectivos e instituciones universitarias y todos (o casi) los economistas, respaldan[7].

Hace unos días, en México, CONEVAL publicó un estudio muy relevante: “La política social en el contexto de la pandemia por el virus SARS-CoV-2 (COVID-19) en México”[8] que advierte que los efectos de la enfermedad tendrán un inevitable impacto en la economía, el bienestar y las condiciones de vida de la población. Ello se debe principalmente a que “los efectos del desempleo afectarán de manera desproporcionada a los pobres y a los estratos más vulnerables de ingresos”. Hay que destacar que 70 por ciento del ICTPC (Ingreso Corriente Total per Cápita) de los hogares depende de los recursos que obtienen por el trabajo, según el evaluador mexicano.

Con datos de INEGI, la situación durante el primer trimestre de 2020, cuando todavía no se habían registrado los estragos de la crisis, era la siguiente:

a/ Los datos absolutos de las encuestas en hogares se ajustan siempre a proyecciones demográficas que son generadas por el CONAPO. 
Fuente: INEGI.

A estos dos millones de desempleados, debemos sumar más de un millón de plazas perdidas más, pues en marzo y abril se eliminaron casi 700 mil y en mayo alrededor de 400 mil.

Hay que resaltar que la tasa de desocupación es más alta en los centros urbanos de más de 100 mil habitantes. En estas zonas, la tasa llegó a 4.3%; mientras que, en las áreas rurales de menos de 2 500 habitantes, se alcanzó apenas un 2.2 por ciento. Además, poco más de la mitad de las plazas perdidas en los últimos dos meses correspondió a personas jóvenes de entre 15 y 29 años, muchos de ellos reclutados bajo el esquema de la subcontratación.

A todo ello habría que agregar la magnitud del empleo informal (56% a nivel nacional), lo que nos da un panorama marcado por una alta precariedad laboral. De esta manera, la parálisis productiva (por la reclusión hogareña) llevará no solo a grandes caídas del PIB, sino también a altos niveles de desocupación lo que a su vez provocarán un aumento de la pobreza por ingresos. Los mexicanos en esta condición aumentarían de 61 millones a 71 millones (del 48 al 56.7% de la población). Por su parte, la cantidad de extremadamente pobres por ingresos aumentaría de 21 a 32 millones de personas (del 16.8% al 25.3%). Cifras que pueden cambiar de acuerdo con las variaciones de los niveles del ritmo de la actividad económica y la desocupación.

Al respecto, el Banco de México presentó distintos escenarios[9]:  calcula que el PIB de México podría caer entre 4.6 y 8.8% este año y una pérdida de hasta 1.4 millones de empleos formales. Además, considera que para 2021 la recesión podría continuar o bien haber un rebote de 4%. Sin embargo, en materia de ocupación, la situación seguiría siendo adversa y en el peor de los casos podrían perderse otras 200 mil plazas laborales.

Dada esta nueva situación, el CONEVAL considera que la situación generada por la expansión de la COVID-19 debe llevar a un cambio radical de las expectativas originales planteadas por el gobierno. El crecimiento del PIB previsto antes de la pandemia para 2020, el fortalecimiento del mercado interno como consecuencia del aumento de las transferencias de los programas sociales, los ingresos de las remesas, así como una menor inflación y el aumento del gasto en inversión en infraestructura y sectores estratégicos[10], tendrán que ser reconsideradas por el Ejecutivo ante la crisis sanitaria y la inminente desaceleración de la economía.

Se requiere, por lo tanto, diseñar una estrategia basada en cambios estructurales como una pensión universal mínima de retiro e invalidez financiada con impuestos generales. Asimismo, un seguro de desempleo contributivo y una renta básica ciudadana (de cobertura universal) o un piso mínimo solidario (para los grupos más afectados). Esta última propuesta concuerda con la de la CEPAL que recomienda “que se establezca un ingreso básico de emergencia, durante seis meses, por el equivalente a 143 dólares mensuales, donde se ubica la línea de pobreza, para las personas encuadradas en los sectores más vulnerables”.

CONEVAL también recomienda el subsidio parcial o total de las cuotas obrero-patronales de la seguridad social a cargo de los empleadores durante los meses de distanciamiento social, e incentivar, mediante programas de gobierno, el empleo temporal.

Para aumentar el ingreso de las personas y los hogares sugieren subsidios temporales en el costo de los servicios básicos de la vivienda, por lo menos durante los meses que dure la emergencia. Por ejemplo, el pago de energía eléctrica y el de agua.

Los expertos del órgano de evaluación afirman que se requerirá ofrecer despensas a las familias de los menores que son beneficiados con la provisión de alimentos en las escuelas, en tanto las clases se encuentran suspendidas, y cupones para la adquisición de alimentos durante la contingencia sanitaria, como mecanismo para mejorar la seguridad alimentaria de los hogares.

Finalmente, el CONEVAL considera que se deben reforzar los programas existentes anunciados el 23 de abril por el gobierno federal con un nuevo enfoque basado en la pobreza urbana y la pérdida de empleos. Para financiar este reforzamiento (y eventualmente otros programas) recomienda, al igual que CEPAL, una reforma fiscal progresiva.

El gobierno, por su parte, ha mantenido su programa original pese a la contingencia. No solo eso. Además, decretó un ajuste al gasto gubernamental[11].  Lo anterior fue ratificado por el presidente en un documento llamado “La nueva política económica en los tiempos del coronavirus”[12]. Llama la atención que en dicho escrito se limite a señalar que la creación de nuevas plazas de trabajo dependerá de la industria de la construcción y del Tratado comercial con Estados Unidos y Canadá sin tomar en cuenta otras propuestas y programas, por ejemplo, los que elaboró CONEVAL y otras que se han aplicado en diversos países.

Posteriormente, el presidente reconoció la pérdida de un millón de empleos entre marzo y mayo[13], pero confió en que se crearían dos millones de nuevos puestos gracias a la reactivación económica pospandémica y las obras de infraestructura. Sin embargo, como señalamos al principio, la incertidumbre domina el panorama mundial. Confiar en los mercados (nacionales e internacionales) y en proyectos de largo plazo, sin atender la emergencia actual, no coincide con el saber acumulado desde 1929. Se requiere un programa económico que ejerza un mayor gasto con nuevos objetivos e instrumentos apoyado en un financiamiento que, en el corto plazo puede ser deficitario y que posteriormente debería llevar a una mayor contribución de los sectores más acomodados (del 1% que concentra la riqueza). Aplanar la curva de la depresión económica requiere de un mayor esfuerzo del gobierno para salvar el empleo: recuperar lo que se pueda de lo perdido y mejorar los niveles de oferta y demanda. La inacción estatal puede llevar a la consolidación de un círculo dramático: mayor pobreza y más recesión. 

Notas

 

[1] Forbes, 09 de abril de 2020

[2]   Proceso, 15 de abril de 2020

[3] Las citas provienen de Drinot, Paulo y Alan Knight (coordinadores). “La Gran Depresión en América Latina”, México, FCE, 2015, especialmente la Introducción (pp.11-36); el cap. VII, “Carácter y repercusión de la Gran Depresión en México” (pp.269-307); y el cap. X, “Panorama General de la Gran Depresión en América Latina”, pp.347-426.; y Moreno Brid, Juan Carlos y Jaime Ros Bosch. “Desarrollo y crecimiento en la economía mexicana”, México, FCE, 2010, pp. 113- 131. 

[4] Robert Skidelsky, PS, “The Case for a Guaranteed Job”, Agosto 16, 2019

[5]  Aníbal Pinto, “El pensamiento de la CEPAL y su evolución”, El Trimestre Económico, vol. LXXXVI

(3), núm. 343, julio-septiembre de 2019, pp. 743-779.

[6] Robert Skidelsky, “The Case for a Guaranteed Job”, Project Syndicate, Agosto 16, 2019

[7] Por ejemplo: Víctor Gaspar, Raphael Lam y Mehdi Raisi, “Políticas fiscales para la recuperación tras la COVID-19” Diálogos a Fondo, FMI, mayo 06, 2020; OIT, Observatorio de la OIT: El COVID-19 y el mundo del trabajo. Tercera edición. Estimaciones actualizadas y análisis. 29 de abril de 2020; CEPAL, Coyuntura Laboral en América Latina y el Caribe mayo de 2020 Número 22 El trabajo en tiempos de pandemia: desafíos frente a la enfermedad por coronavirus (COVID-19). UNCTAD chief: How to rebuild global economy and trade after COVID-1908 May 2020. UNCTAD Secretary-General Mukhisa Kituyi discusses how to rejuvenate the global economy and trade in light of the COVID-19 crisis in an interview with Didem Eryar Unlu of the Turkish newspaper Dünya, mayo 2020; PROPUESTAS DEL GRUPO NUEVO CURSO DEL DESARROLLO DE LA UNAM

FRENTE AL COVID-19, UNAM, 28 de marzo de 2020.

[8] CONEVAL, “La política social en el contexto de la pandemia por el virus SARS-CoV-2 (COVID-19) en México”, México, mayo de 2020. Disponible en www.coneval.org.mx.

[9]Banco de México. Informe trimestral enero-marzo de 2020, disponible en https://www.banxico.org.mx/publicaciones-y-prensa/informes-trimestrales/%7B23C2DCA8-4AD3-FBE0-B0BF-4D30C8066B84%7D.pdf

[10] Ver los “Criterios general de Política Económica para 2020” de la Secretaría de Hacienda, publicados a fines del año pasado (2019).

[11]   DOF, “DECRETO por el que se establecen las medidas de austeridad que deberán observar las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal bajo los criterios que en el mismo se indican”, 23 de abril de 2020.

[12] Disponible en https://lopezobrador.org.mx, mayo 16, 2020.

[13] La Jornada, 24 de mayo de 2020.

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