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PRESENTACIÓN

 

Elio Villaseñor Gómez

Director de Iniciativa Ciudadana para la Promoción de la Cultura del Diálogo A.C.

 

 

A principios de este año, la perspectiva mundial apuntaba a una recuperación, aunque incipiente de las economías, y perfilaba un escenario con problemáticas focalizadas, pero superables. Nada que la geopolítica no ordenara. Sin embargo, a la par, una realidad tornó ese escenario en tiempos ominosos para la humanidad: el brote y transmisión masiva de la enfermedad COVID-19, que sorprendió a los sistemas de salud del mundo y, por ser el nuestro un mundo globalizado, no hay frontera alguna que le impida al patógeno expandirse, con repercusiones económicas letales, que hoy despuntan en una recesión mundial.

A nadie deberá sorprender que estos acontecimientos marcarán “un antes y un después” de nuestra humanidad. No solo por lo lamentable de las tragedias humanas que dejará la enfermedad, sino porque obligará a todas las naciones a realizar una profunda revisión de las instituciones, de las políticas presupuestales y fiscales y de la presteza tanto de las políticas de salud como de los planes sanitarios para responder y prevenir las enfermedades y las pandemias, como la actual. También implicará, por definición, reformular los parámetros de la globalización, de los sistemas políticos, del modelo económico vigente y de los gobiernos y sus líderes.

La magnitud de la tragedia que está provocando la COVID-19 deberá servirnos de lección para ver con otra lupa la importancia de la coordinación y los distintos esfuerzos científicos para que el conocimiento y la cura de este patógeno, y los que en el futuro broten, estén al servicio de las personas y no de las ganancias mercantiles.

La magnitud de la tragedia que está provocando la COVID-19 deberá servirnos de lección para ver con otra lupa la importancia de la coordinación y los distintos esfuerzos científicos para que el conocimiento y la cura de este patógeno, y los que en el futuro broten, estén al servicio de las personas y no de las ganancias mercantiles.

Precisará, también, asumir que en nuestra era existe además del conocimiento científico, los medios de comunicación responsables que orientan a la gente sobre qué es lo que debe hacer ante una situación de emergencia global como la actual.

En el caso de nuestro país, fue notable constatar cómo algunos sectores de la sociedad se adelantaron a proponer medidas sanitarias y económicas, creando redes de información en las que lo fundamental es convertir esta tragedia en un fenómeno que requiere un espíritu solidario.

Una de esas voces es la del Grupo Nuevo Curso del Desarrollo de la UNAM frente al COVID-19, que plantea la necesidad de atender a las personas enfermas y combatir la pandemia sin ánimo de minimizar sus impactos; pero también, clarifica los escenarios de corto y largo plazos con propuestas como: proteger el empleo y el ingreso de las familias y personas más pobres y vulnerables; salvaguardar y proteger a la planta productiva, en especial las PyMES; mantener la continuidad de los servicios estratégicos en todos los órdenes de gobierno; y apoyar proyectos de inversión pública, privada y mixta para la recuperación y apuntalamiento del crecimiento potencial del país (consultar aquí). En el fondo, dicho Grupo descarta una situación de extremos, como suspender toda la actividad económica y parar la marcha del país, pues esto llevará a la gente a un estado de crisis, desesperación y desesperanza.

Lo anterior resulta alentador, pues en la actual coyuntura de emergencia sanitaria se respira un ambiente de miedo e incertidumbre tanto por el contagio como por la preocupación colectiva e individual de cómo enfrentar esta situación para contar con los recursos mínimos para abastecerse de alimentos, para cubrir las deudas y para garantizar el futuro de los negocios y, en consecuencia, de los empleos de miles de personas.

En ese marco, no debemos olvidar que el miedo no es el mejor consejero en situaciones como la actual, porque provoca malas decisiones. Por el contrario, debe impeler en la sociedad, incluidos los tres niveles de gobierno, la toma de conciencia y responsabilidad de que las medidas que se tomen deben partir de una proyección a futuro, sin limitar la capacidad elemental de cualquier ciudadana o ciudadano y de la sociedad organizada, de plantear soluciones para el futuro económico de las familias y del país.

En ese tenor, también se han planteado otras propuestas, como las presentadas por empresarios (el Consejo Coordinador Empresarial y la Coparmex han planteado su respectivo decálogo para reactivar la economía y el crecimiento económico) y sectores de la sociedad civil, de las que destaca la Carta Abierta “Por la salud de todos ¡Actuemos!”.

Esta última misiva, firmada por exsecretarios de Salud y profesionales de distintos sectores y especialidades, que expresaron un posicionamiento crítico sobre la forma en la que el gobierno está manejando la pandemia de coronavirus en el país y propusieron una serie de acciones para enfrentar la emergencia, a saber: incrementar el número de pruebas de contagio, suspender en su totalidad cualquier actividad masiva, cerrar espacios de convivencia, inyectar recursos extraordinarios para el sector salud y la población más vulnerable, y emitir instrucciones claras y efectivas para que sean seguidas por la ciudadanía.

Esta batería de propuestas pone a todos a prueba para que confirmemos en los hechos nuestras capacidades y nuestra visión para trazar rutas críticas que respondan y estén a la altura de la emergencia por la que atraviesa México, en un contexto en el que existe el consenso de que el gobierno ha actuado muy lento en la crisis por el coronavirus y ha tenido una respuesta muy débil, porque no ha impulsado medidas de estímulos fiscales para reactivar el consumo y la inversión, así como la protección del empleo.

Ello planteó un dilema al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador: combatir los efectos de la pandemia de la COVID-19 con una inercia voluntarista y con un despliegue de acciones que lo muestran como rebasado, o plantear un plan integral de rescate económico que prevea una política sanitaria, así como el redireccionamiento del gasto público y recurrir a la deuda, como instrumentos financieros que permitan atenuar el impacto de la crisis económica en sectores productivos y las finanzas familiares.

Sobre esto último, lo fundamental será que el gobierno realice una reingeniería al presupuesto que priorice los recursos que se necesitan tanto en el área de salud como en las económicas. Sobre la deuda, debe primar un manejo responsable, pues es un axioma de la economía que el endeudamiento público puede ofrecer la posibilidad de financiar proyectos útiles para una nación o ayudar a enfrentar una situación inesperada de una mejor manera. Contratar deuda y utilizarla de manera irresponsable no solo gestará un problema mayor en el corto plazo, sino que postergará la solución de una o varias  problemáticas que, tarde que temprano, habrán de “explotar” con una magnitud mayor a la original.

Ese panorama, sin duda es el que está ponderando el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, pues ante el actual escenario de emergencia, el único camino que le queda es el de implementar una política contracíclica, de carácter fiscal, aplicando criterios de esa naturaleza que generen un círculo virtuoso y reanime la economía interna, y se evite una catástrofe económica quizá sea mayor a las crisis del pasado.

En el país, gobierno y sociedad no podemos seguir apostando a las inercias del pasado, es apremiante ser sensible para leer con frialdad la realidad, sin prejuicios o atavismos, así como no seguir fomentando la polarización.

Este momento nos desafía, al gobierno y a la sociedad, para crear un ambiente de trabajo y recoger las mejores propuestas para remontar la situación actual, que sea lo menos dolorosa y construir los nuevos pilares de la salud, la economía, la educación y, primordialmente, de la política. Así lo han reclamado varias voces, entre ellas las personalidades que el pasado 3 de abril enviaron una carta al presidente mexicano para construir un "acuerdo nacional" con los principales sectores económicos y sociales del país, a fin de superar la crisis desatada por la pandemia actual y "sentar las bases para una nueva etapa de crecimiento y prosperidad".

Los valores que los mexicanos en conjunto tenemos que promover son la solidaridad y que el espacio público sea una arena que como crisol sume a la inteligencia democrática, la corresponsabilidad y la rendición de cuentas.

Además, las emergencias económica y sanitaria deberán ser aleccionadoras para la sociedad y para el gobierno en turno, pues con seguridad se modificarán sustancialmente los patrones de conducta política y social. La nueva realidad apunta hacia un parteaguas que obligará a categorizar nuevos paradigmas con parámetros acordes a lo que comienza a trazar una nueva historia contemporánea, que sin duda cimentará una neoinstitucionalidad funcional que será la pauta sobre la que detonen una secuencia de procesos de cambio social, político, cultural y económico en México y en el mundo.

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BRÚJULA CIUDADANA. Es una publicación electrónica mensual editada por Iniciativa Ciudadana para la Promoción de la Cultura del Diálogo, A.C., Tel. (55) 55141072, 

Editor responsable: Elio Villaseñor Gómez.

Editora de la revista, Delmy Xiomara Peraza Torres. 

Diseño: Judith Meléndrez Bayardo

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