1. Economía, remesas, política energética y social

Foto de EneasMx vía Wikimedia Commons

¿Escoger entre cuidar nuestra salud o recuperar la economía?

Carlos Heredia Zubieta

Profesor asociado en el CIDE

@Carlos_Tampico

 

 

 

En este ensayo, pongo el dilema cotidiano como telón de fondo de la pandemia: o nos recluimos aunque caiga la economía, o salimos de nuestro confinamiento forzoso para arriesgar nuestra salud y asegurar la subsistencia cotidiana. Asimismo, coloco como raíz del problema el tema de la destrucción de la naturaleza por la economía extractiva, y el imperativo de retomar su cuidado como fuente de nuestra salud física y mental. El desafío es construir una sociedad resiliente, entendida como la capacidad de transitar la adversidad, superar heridas y traumas, y darnos un nuevo desarrollo.

 

En la danza cotidiana de números sobre la pandemia del COVID-19 subyacen dos preocupaciones:  1. ¿Cuándo podemos regresar a nuestras ocupaciones de antes? y  2) ¿qué va a pasar con la economía de millones de mexicanos que viven al día durante y después de los meses de confinamiento?

Las cifras ya arrojaban un panorama desolador antes del nuevo coronavirus: 48.8 por ciento de los mexicanos viven debajo de la línea de la pobreza, y solo uno de cada cinco mexicanos tiene una vida desahogada, sin carencias en educación, salud, seguridad social, alimentación, vivienda y servicios básicos.  Al mismo tiempo, la evolución de la economía era todo menos prometedora: una caída de 0.3 por ciento en el producto interno bruto y un desplome en la inversión pública y en la privada, con la consiguiente caída del empleo y de las oportunidades de ingreso (Coneval, 2020).

Las cifras del INEGI (2020) nos hablan de que 12 millones de mexicanos no tuvieron ingresos durante abril y mayo y, por lo tanto, su situación es desesperada. El CONEVAL, a su vez, agrega que el futuro inmediato para vastos segmentos de las clases medias significa un empobrecimiento acelerado. Podríamos agregar 20 millones de personas en la pobreza a los 65 millones que ya lo están, algo así como 85 o 90 millones de pobres entre los 130 millones de mexicanos.

Estamos en alerta máxima por la magnitud del tsunami epidémico y de pobreza, pero quizá no hemos llegado a entender lo suficiente su naturaleza y su dinámica.  Respecto a su naturaleza, la Organización de las Naciones Unidas nos ha advertido que, con todo y el avance de la tecnología, la vida humana depende de la salud de los ecosistemas para tener agua, alimentos, medicamentos, combustible, refugio y energía. Como parte de la jornada mundial para defender la biodiversidad, la ONU llama a la comunidad internacional al trabajo común para preservarla y encontrar la mejor salida a la crisis provocada por el surgimiento del coronavirus, que ha puesto de relieve la íntima conexión entre la salud humana y la relación con la naturaleza.

La biodiversidad se define como la enorme variedad de plantas, animales y microorganismos existentes, pero también incluye las diferencias genéticas, así como los múltiples ecosistemas en los que interactúan las especies con su entorno.  António Guterres afirmó que para mitigar las perturbaciones climáticas, garantizar la seguridad alimentaria e hídrica, así como para prevenir futuras pandemias es fundamental conservar y gestionar de forma sostenible la diversidad biológica. Nuestras soluciones están en la naturaleza. La invasión y el saqueo humanos de la naturaleza afecta el futuro de la humanidad[i].

El hacer frente a la pandemia de COVID-19 está teniendo efectos devastadores en prácticamente todas las economías del mundo y, por ende, en toda la población. La velocidad de contagio y la capacidad de dispersarse por todo el orbe en tan breve tiempo no tiene precedente. Las autoridades en todo el mundo se han visto obligadas a adoptar drásticas medidas: cerrar actividades productivas y mantener a la población en casa. El COVID-19 es la primera pandemia que por sí misma ha causado una recesión global (Banco Mundial, 2020), la mayor desde la segunda guerra mundial.

“Esta es la primera pandemia en que se detuvo la economía para salvar vidas”, dice el neurólogo y psiquiatra francés, Boris Cyrulnik[ii], célebre por acuñar el concepto de resiliencia psíquica. Asegura que la empatía y los lazos colectivos serán centrales para superar los daños generados por el virus. Toma prestada de la física la palabra resiliencia, y la trae a la medicina, entendida como la capacidad autoterapéutica de las personas frente al sufrimiento psíquico o moral (Pikielny, 2020).  La pandemia exige de nuestras sociedades un grado de resiliencia con el que no contamos.      

Las medidas para amortiguar la pandemia  

El gobierno mexicano instauró medidas sanitarias de emergencia, incluyendo las restricciones a viajes, la llamada ‘sana distancia’ social, el cierre de escuelas y la cancelación de actividades no esenciales. Sorprende que cuando todavía el número de contagios va en ascenso se hable del retorno a las actividades económicas, sin la preparación correspondiente, lo que hace temer consecuencias aún más graves en el caso de producirse rebrotes en el otoño de 2020.

La economía mexicana se ha visto duramente golpeada por la caída en los precios del petróleo en un marco de gran volatilidad e incertidumbre. El peso se ha devaluado alrededor de 17 por ciento desde el inicio de la pandemia. 

Se han producido respuestas a la pandemia en los ámbitos fiscal, monetario, financiero, y cambiario, pero a diferencia de la mayor parte de las economías del mundo, no se emprendió un programa de apoyo o rescate de las pequeñas y medianas empresas.

Esta omisión hace temer que no habrá tal cosa como una recuperación impulsada por el gobierno de México, y quizá tampoco por el sector privado, del cual depende más de 75 por ciento de la actividad económica.

La reapertura parcial de las actividades económicas y la estrategia de salud está diseñada con base en un esquema que trata de equilibrar ambas dimensiones. El indicador fundamental es el número de camas disponibles en los hospitales. En la Ciudad de México, por ejemplo, el lunes 29 de junio se retomaron actividades (paso del semáforo rojo al naranja) económicas, deportivas, operación de restaurantes y otros giros, que pueden llevar a que despegue de nuevo la epidemia.  Del otro lado, los efectos económicos de seguir manteniendo la economía cerrada son brutales. La opción tomada sobre todo por las autoridades capitalinas, y en menor medida, las federales, ha sido el manejo de los semáforos.

La reapertura (parcial, semáforo naranja) puede llevar a hacer que despegue de nuevo la epidemia, pero los impactos económicos de que se mantenga cerrada la economía son enormes. La única opción parece ser manejar los semáforos de modo que los hospitales no se vean desbordados.

El espejismo de la recuperación estadounidense

Hoy como ayer, a falta de una estrategia propia y de los muy escasos resultados de las tenues medidas para hacer frente a la pandemia, se multiplican las voces de mexicanos de la esfera gubernamental y de negocios que apelan a la paulatina recuperación de la locomotora norteamericana para que ‘jale’ hacia adelante a la economía mexicana.

Esta tesis podría tener algo de sustento, pero la experiencia reciente opera en contra de la sabiduría convencional.

Es cierto que las economías estadounidense y mexicana hemos transitado de la liberalización comercial a la producción compartida en el último cuarto de siglo. Sin embargo, se trata apenas de una industria (automotriz) en un sector (manufacturero) del conjunto de la economía mexicana. La contrapartida, es decir las actividades de la economía estadounidense cuyo auge dependen del comercio con México, también tienen un alcance limitado.

Aunque siete de los estados de la Unión Americana (California, Arizona, Nuevo México, Texas, Luisiana, Kansas y Nebraska) tienen a México como primer destino de exportación, y 17 (del medio oeste, el sur y la costa este) como segundo destino de exportación, la verdad es que en los dos últimos años la economía mexicana se ‘desacopló’ de la economía estadounidense; mientras aquella vivió un estancamiento, esta última estuvo en crecimiento.

Por si fuera poco, el pronóstico de crecimiento del producto nacional bruto en Estados Unidos es todavía más pesimista que el correspondiente para México.

El nuevo desarrollo y la sociedad resiliente

Al 28 de junio, a nivel global se registran más de diez millones de casos y medio millón de muertos, mientras que el gobierno de México informa de 216,852 casos de contagio de COVID-19 y 26,648 fallecimientos. En la última semana se observaron promedios de 5,371 casos nuevos de contagio y de casi 800 fallecimientos por día. En el transcurso de julio-agosto de 2020 México podría sobrepasar a España, Francia, Italia y el Reino Unido en el número de fallecimientos, para ubicarse solo detrás de Estados Unidos y Brasil en la tabla mundial del nuevo coronavirus.

Por supuesto, son los más pobres y quienes sobreviven en el sector informal los más duramente golpeados. No ayuda la altísima prevalencia de enfermedades crónicas como hipertensión, obesidad, diabetes y tabaquismo en esas franjas de la sociedad mexicana.

Las predicciones respecto a la evolución de la pandemia en el futuro inmediato presentan enormes diferencias, dependiendo de la fuente.  Las autoridades de salud mexicanas plantearon en mayo que el número de muertos no excedería los 8,000, mientras que un investigador del Instituto Tecnológico de Massachusetts (Gu, 2020)   perfila que México podría llegar a 101,515 fallecimientos el 1 de octubre de 2020. El punto más alto de la curva de muertes diarias en México ocurriría el 10 de agosto, según esta proyección, mientras que el punto con el mayor número de infecciones diarias sería el 22 de julio. Asia y Europa, respectivamente, han visto ya culminar los periodos de mayor mortandad. Hoy los tres países con la mayor cifra cotidiana de muertos son Brasil, México y Estados Unidos, en esa secuencia.

La estrategia de impedir la saturación de los hospitales puede funcionar por tiempo limitado y en áreas geográficas limitadas. Hasta que una vacuna contra el COVID-19 sea accesible para la mayoría de la población, los cuidados serán parciales e insuficientes, sobre todo porque será preciso enfocarse también en aspectos emocionales y psíquicos.

El gobierno y la sociedad mexicanas necesitamos enfocarnos en la atención a los grupos de mayor vulnerabilidad en su salud física y mental. No se trata únicamente de prevenir la pandemia, sino, más allá de las heridas inmediatas causadas por esta en el tejido social, abordar las causas del trauma, que no son ajenas a la desigualdad económica, política, social, cultural y racial. 

En el segundo semestre de 2020, vendrá la evaluación de las estrategias seguidas en nuestro país, tanto la de salud como la de recuperación económica. De manera dolorosa, no es tan remoto que nos encontremos en la situación paradójica de que México no logre domar la pandemia ni alcanzar la recuperación económica, y todavía peor, que permanezcamos en paradigma de depredación de recursos naturales y uso de energías fósiles, que hace imposible una vida sana y saludable.  Esta absoluta negligencia social no está desvinculada de la aceleración de la frecuencia de los desastres ‘naturales’: nuevas pandemias, sismos, huracanes, inundaciones, incendios de bosques y selvas, y otros más.

A mediano y largo plazos, tanto la salud pública como la sustentabilidad de la economía mexicana dependerán fundamentalmente del cuidado de la naturaleza. 

Regresemos al inicio de este texto, para retomar el concepto de resiliencia. En nuestras sociedades humanas actuales, esta se entiende como la capacidad de transitar la adversidad, superar heridas y traumas, y darse un nuevo desarrollo. La resiliencia se construye desde la gestación y a través de la infancia con recursos afectivos y simbólicos, se incrementan en la juventud y se robustece en la edad adulta.

Adicionalmente, la mayor parte de la población mexicana sobrevive en un contexto de vulnerabilidad, maltrato, violencia familiar y hacinamiento; para ellos, el confinamiento es muy difícil y la resiliencia no será imposible, pero sí improbable[iii].

En una sociedad tan polarizada y fragmentada como la mexicana, la resiliencia se concentra en aquellas personas que tuvieron fuertes redes afectivas, herramientas como el lenguaje, una buena escuela, un salario remunerador, un ambiente agradable en casa y fuera de ella.  Quizá el porcentaje de habitantes de México que ha tenido estas condiciones coincida con el porcentaje de la población total que, según el Coneval, está libre de carencias de ingreso, salud, educación, alimentación, vivienda, y entretenimiento, y además cuenta con los recursos afectivos mencionados renglones arriba. Este porcentaje no excede el 20 por ciento de la población, o uno de cada cinco mexicanos.

Esta es la verdadera vacuna contra la pandemia: el acceso a una vida digna y resiliente, con satisfactores básicos y recursos relacionales en la familia y en la vida profesional.  La resiliencia solo será posible si después del trauma somos capaces de empezar de nuevo y darnos un nuevo tipo de desarrollo sostenible y sustentable.

Notas

[i]  Día de la Diversidad Biológica: La pandemia del coronavirus revela la conexión entre la salud humana y la naturaleza, Noticias ONU: Mirada global, historias humanas, recuperado el 26 junio 2020 en https://news.un.org/es/story/2020/05/1474902

[ii]  Cyrulnik, de origen judío polaco, vive en Toulon, Francia.  Es autor de una larga lista de libros entre los que se incluye El amor que nos cura (Gedisa). Coordina un grupo de expertos que asesora al presidente Emmanuel Macron sobre políticas públicas vinculadas a los primeros mil días de vida de los niños (desde la concepción hasta el lenguaje), etapa fundamental que condicionará fuertemente la persona que ese bebé será en el futuro. Sabe que no hay destinos marcados y que las heridas del abandono y la vulnerabilidad social se pueden trabajar, pero la desigualdad social, dice, empieza en esa etapa.

[iii]  Cyrulnik, ibid. 

 

Referencias

   

Banco Mundial (2020), COVID-19 to Plunge Global Economy into Worst Recession since World War II, 8 de junio, recuperado el 28 de junio en  https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2020/06/08/covid-19-to-plunge-global-economy-into-worst-recession-since-world-war-ii

Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, (2020). ‘La política social en el contexto de la pandemia por el virus SARS-CoV-2’, 11 de mayo, recuperado el 28 de junio en https://www.coneval.org.mx/SalaPrensa/Comunicadosprensa/Documents/2020/Comunicado_06_POLIITICA_SOCIAL_EN_CONTEXTO_COVID_19.pdf?platform=hootsuite

 

Gu, Youyang (2020), Plataforma https://covid19-projections.com/mexico

 

Instituto Nacional de Geografía y Estadística INEGI, (2020), Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo, presentación ejecutiva, 1º. de junio, recuperado el 28 de junio en https://www.inegi.org.mx/contenidos/investigacion/etoe/doc/presentacion_resultados.pdf

 

Pikielny, Astrid (2020), ‘Esta es la primera pandemia en que se detiene la economía para salvar vidas’, en La Nación, Buenos Aires, Argentina, 27 de junio, recuperado el 28 de junio en https://www.lanacion.com.ar/opinion/biografiaboris-cyrulnik-esta-es-la-primera-pandemia-en-que-se-detuvo-la-economia-para-salvar-vidas-nid2386006

 

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