5. EL FUTURO DE LOS DREAMERS

Al otro lado

 
Xavier Vázquez

Beneficiario del programa DACA

Por mucho tiempo, la falta de acción legislativa y retórica política del Congreso y de los presidentes impidieron la creación de un sistema de inmigración moderno y robusto que fuera representativo de las necesidades de una nación de primer mundo y desarrollada. Ante ello, un 15 de junio de 2012, el presidente Obama anunció el Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés).

 

Visto como uno de los programas de mayor alcance creados por una orden ejecutiva, el programa DACA permitió a los jóvenes indocumentados solicitar que su deportación sea diferida por un periodo de dos  años. Como parte del programa, los jóvenes extranjeros deben pasar por una extensa verificación de antecedentes y, de ser aprobados, se les permite permanecer en los Estados Unidos sin temor a la deportación y, además, les da la oportunidad de trabajar por un período de dos años.

 

El Centro para el Progreso Estadounidense (The Center for American Progress) estima que "desde la creación del programa, esta orden ejecutiva ha proporcionado alivio de deportación a 800,000 personas". Este acto trascendental, presentado por el Poder Ejecutivo a través de una moción unilateral, indudablemente ha moldeado la vida de 800,000 individuos.

 

El próximo martes 12 de noviembre del año en curso, la Corte Suprema de los Estados Unidos de América, escuchará los argumentos legales del porqué el programa de la Administración Obama conocido como DACA es legal y por qué esta política de protección a los llamados DREAMers debe continuar.

 

En los siguientes párrafos, compartiré mi experiencia directa, como un joven indocumentado en los Estados Unidos, y cómo antes, durante, y después de la acción diferida, mi vida ha cambiado, así como la de cerca de 800,00 jóvenes soñadores.

 

Mi nombre es Xavier Vázquez Báez, originario del Estado de Tlaxcala. Llevo 17 años viviendo de manera irregular, y hasta el momento no ha existido una política pública de la actual y pasadas administraciones que regularicen la condición migratoria de miles de familias, incluyendo DREAMers.

 

Tenía 13 años cuando crucé la frontera junto a mi hermana y mi madre --lo único que dijo mi madre fue: “nos vamos para el otro lado, con su padre”. Ellas y yo emprendimos nuestro camino un 13 de septiembre de 2003 sin saber lo que nos esperaba, dejando mi pueblito en el estado de Tlaxcala. No comprendí lo que pasaba hasta que llegamos a la frontera, donde por primera vez escuché el término “coyote”. Aún recuerdo ese día como si hubiera sido ayer –sin duda ese momento de mi vida sigue definiendo mi actual realidad.

Como muchas familias recién llegadas, nuestros primeros días en Estados Unidos fueron con nuestra tía paterna, quien nos refugió en su casa de Stockton, California. Nos tomó 21 días cruzar la frontera. Fuimos detenidos tres veces y, durante esas tres veces, estuvimos en centros de detención.

 

Al llegar a California, en ese entonces el gobernador Arnold Schwarzenegger (derechista republicano) constantemente repugnaba la labor de las familias migrantes y, en su mandato, desechó un sin fin de reformas estatales que en su momento favorecían a la comunidad indocumentada. Algunas de estas reformas estatales  incluian la emisión de  licencias de manejo en California sin importar su condición migratoria.  Otra política pública, que en su momento fue muy polémica, era la de aprobar ayuda financiera para la educación de nivel superior de estudiantes indocumentados; dichas fueron vetadas en varias ocasiones por el gobernador Arnold.

 

Hago hincapié en este tema, porque siempre he estado profundamente consciente de mi condición migratoria, así como la de mi familia. En 2001, en ese entonces el gobernador Gray Davis firmó una ley (AB-540) que permite a estudiantes indocumentados el acceso a las universidades de California sin tener que pagar cuotas elevadas de matriculación. Esta ley me amparó cuando terminé la preparatoria en 2007, y pude asistir a la universidad y obtener mi título. Tengo el honor y privilegio de tener la licenciatura en Ciencias Policías y Administración Pública, logro que siempre he dedicado al esfuerzo de mis padres, quienes se partieron el alma para darme una educación superior en los Estados Unidos.

 

Durante mis años en la universidad, tuve la oportunidad de pertenecer a muchos grupos juveniles, uno de ellos orientado exclusivametne a estudiantes indocumentados. En aquel grupo (Dreamers In Action Standing, DIAS), creamos una red local con la misión de auto ayudarnos, darnos apoyo moral y lo principal: pelear por lo que se llamó en su momento DREAM Act o el Acta del Sueño de 2010.

 

Esa ley nos daría un estatus migratorio condicional con camino a la ciudadanía. Esta propuesta de ley murió en el Senado y dio fin a muchos de nuestros sueños, pero fue el comienzo a una nueva era dentro del grupo o movimiento de los jóvenes indocumentados.

 

La palabra DREAMer salió de esta propuesta de ley fallida de 2010. Al ver el fallo de esta ley, jóvenes como yo alrededor del país comenzamos a organizar grupos, locales, regionales, estatales y nacionales, así como redes comunitarias, marchas y protestas con el fin de presionar al presidente Obama a fin de que se reformara el sistema migratorio y, así, darle alivio migratorio a jóvenes indocumentados. Este movimiento dio a luz al famoso DACA.

 

Este alivio migratorio del 2012 es la muestra viva del esfuerzo de todas esas marchas, protestas y arrestos de jóvenes alrededor del país, y no del presidente Obama (usualmente se le da crédito al presidente, pero fueron los jóvenes quienes lucharon para tener protección). 

 

Ese triunfo lo ganamos nosotros y no fue dado en charola de plata. DACA fue implementado y, por más de cinco años, casi más de 800 mil jóvenes se han amparado bajo este programa. Se estima de casi más de un millón y medio de jóvenes indocumentados a nivel federal pueden ser elegibles y, a pesar de que el programa ha estado vigente todo este tiempo, solo la mitad de los posibles beneficiarios lo hemos solicitado –queda mucho trabajo por hacer.

 

DACA ha cambiado mi vida, pero sé que queda mucho trabajo por realizar. Después de la universidad y recibir mi titulación, tuve la oportunidad de trabajar para el Consulado de México en Fresno, en el área de Asuntos Jurídicos y Protección Consular. Por tres años, me encargué de todos los asuntos migratorios –en especial ayudando a jóvenes beneficiarios de DACA, conectándolos con organizaciones locales y realizando eventos para que ellos pudieran recibir la ayuda legal correspondiente.

Después de estar en el consulado por tres años, fui contratado por una organización sin fines de lucro llamada Education and Leadership Foundation para fungir como su director de servicios migratorios, y que dentr. Dentro de esa organización ahora soy un agente acreditado por el Departamento de Justicia para ofrecer asesoría legal en trámites de migración.

 

En la actualidad,  puedo ayudar a familias directamente y con los instrumentos legales necesarios en buscar algún beneficio migratorio o regularizar su estatus migratorio por medio de: ciudadanía, perdones, peticiones familiares, DACA y representándolos directamente ante autoridades migratorias.

 

DACA me ha dado esta facilidad de poder ayudar a mi gente y a mi comunidad de este lado de la frontera. Sé que fundamentalmente los legisladores de California se han dado a la tarea de defender a toda persona que quiera ser atacada por la actual administración del presidente Trump. Me enorgullece saber que nuestros gobernantes le están poniendo un “hasta aquí”. Pero sé que también, tengo amigos, familiares y personas bajo mi misma condición que puedan mejorar su vida, que, si nos ayudamos y nos empoderamos, ellos pueden crear y empujar políticas en sus estados que ayuden a familias y estudiantes sin documentos migratorios.

 

El próximo 12 de noviembre estaré en la Corte Suprema de la Nación junto a miles de mis compañeros que son beneficiarios de este programa. Queremos luchar por la estabilidad de este Programa, y hacer que la corte escuche cada una de nuestras historias, que todos los magistrados aprendan que nosotros tenemos familias, sueños y que DACA ha cambiado y seguirá cambiando nuestras vidas para bien.

 

Queremos que ellos escuchen que la cancelación de este Programa fue un error de esta administración, y que nuestros sueños a pesar cualquier fallo seguirán su curso. Independientemente de la decisión de la Corte Suprema de la Nación, será una nueva etapa para organizarnos y volver a pelear por algo más permanente. No será la última ni la primera vez que nos encontramos con algo que impida realizar nuestros sueños en este país. Cada uno de los beneficiarios de este programa tiene su historia y adversidades que contar, sin embargo la voz de cada quien durante la audiencia será una sola, la de los más de 800,000.    

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