1. Entidades federativas y la estrategia de vacunación contra Covid-19
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Vacunas en Chihuahua: ¿lucro o salvación?

 
Víctor M. Quintana S.

Maestor de la Universidad Autónoma de Ciudad Juáreaz y activista social

 

 

La buena noticia es que, para el 21 de marzo, se había vacunado a la mayoría de los adultos mayores y al personal de salud de 63 de los 67 municipios de Chihuahua. Sólo faltaban Buenaventura, Ignacio Zaragoza Ciudad Juárez y Chihuahua. Según el Gobernador del Estado, el Gobierno Federal ha logrado un importante avance al aplicar más de 46 mil vacunas tanto de Pfizer, como de Sinovac. Afirmó que está proyectado que antes de concluir el mes de abril, estén vacunados todos los adultos mayores y maestros de la entidad, para iniciar un regreso gradual a clases.

La mala noticia es que Juárez y en Chihuahua comprenden casi el 80 por ciento de todos los casos y muertes registradas en territorio chihuahuense en lo que va de esta contingencia. Hasta esa fecha en el estado se habían reportado 57 mil 266 personas positivas al SARS-CoV-2, de las que 5 mil 568 habían fallecido.

A partir de lo anterior, la estrategia de vacunación seguida por el  Gobierno de la 4T en Chihuahua se puede considerar desde dos puntos de vista: es muy positivo que se haya comenzado a vacunar de la periferia al centro, comenzando con los municipios y localidades más marginados de la Sierra Tarahumara, donde hay mucho menos acceso a los servicios de salud y graves condiciones de desnutrición.

A partir de lo anterior, la estrategia de vacunación seguida por el  Gobierno de la 4T en Chihuahua se puede considerar desde dos puntos de vista: es muy positivo que se haya comenzado a vacunar de la periferia al centro, comenzando con los municipios y localidades más marginados de la Sierra Tarahumara, donde hay mucho menos acceso a los servicios de salud y graves condiciones de desnutrición.

Sin embargo, son precisamente esos municipios donde menos casos de contagio del COVID-19 se han reportado, tal vez dadas las condiciones de dispersión y aislamiento donde habitan los pueblos indígenas. En cambio, las condiciones de aglomeración y de movilidad forzada en las dos grandes urbes del estado, los contagios han proliferado, por lo que se hacía más urgente comenzar, sí de la periferia al centro, pero de las ciudades. O sea, primero los más pobres, pero urbanos.

Esto ha causado algo de descontento en los sectores medios y medio-bajos de Chihuahua y Ciudad Juárez que esperan la vacuna con ansia. Por otra parte, muchas personas de la clase acomodada, han optado por irse a vacunar a los Estados Unidos.

Estos problemas que se dan en Chihuahua se dan en mayor o menor escala en prácticamente todos los estados de la República. En buena medida se deben, no tanto a la estrategia de distribución y aplicación de vacunas, sino a que a pesar de los esfuerzos del Gobierno Federal, no se ha logrado adquirir un número de vacunas suficiente como para inmunizar a la mayoría de la población en un lapso corto de tiempo. Aunque debe reconocerse que la dificultad para conseguir vacunas ha sido definitiva, por lo que el gobierno de la 4T ha intervenido para que los sectores más pobres y más vulnerables tengan prioridad en ser vacunados.  Si no hay intervención del Estado, la vacunación estaría al juego de un darwinismo económico-social: la sobrevivencia de los más ricos, de los más influyentes.

Esto nos reenvía a un problema mayor de geopolítica o geoeconomía global: la concentración de las vacunas en los países más ricos; el control de las patentes por parte de ellos mismos y el alto costo de los biológicos.

Tan sólo 10 países concentran a estas fechas el 90% de las vacunas. Canadá tiene una cantidad de vacunas cinco veces superior a su población. Por otro lado, 80 países no han tenido acceso a vacuna alguna.

Además, las empresas trasnacionales productoras de vacunas como Pfizer han impuesto leoninas condiciones a los países latinoamericanos que las adquieren, como el que sean los gobiernos quienes carguen con todos los costos de eventuales demandas de indemnización, por diferentes fallas en el suministro de las vacunas o los efectos negativos que puedan provocar en algunos pacientes.

En contraste, países no alineados en la órbita de los Estados Unidos y de Europa Occidental proceden de una manera totalmente distinta. Cuba anuncia que producirá 100 millones de unidades de su propia vacuna, para distribuirla a los países latinoamericanos integrantes de la Alianza Bolivariana, Vietnam, Irán y otros que las están demandando. China, por su parte, ha anunciado que hará bienes públicos mundiales de las vacunas contra el COVID-19, además de que sus vacunas se están distribuyendo ya en 27 países, 11 de ellos latinoamericanos, sin condición alguna.

 

Las patentes y el lucro

Otro problema es el de las patentes: los Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido se oponen a la propuesta presentada ante la Organización Mundial del Comercio para que se exenten derechos de propiedad intelectual y patentes de las vacunas contra el COVID 19. Dicha propuesta fue presentada por la India y Sudáfrica y se han sumado más de 100 países. De aprobarse esta iniciativa, las farmacéuticas deberían transferir su tecnología y su conocimiento para la fabricación de todas las dosis que se requieran, para lograr lo más rápidamente posible la inmunización de todo el mundo.

Pero los países ricos y, detrás de ellos las trasnacionales farmacéuticas, se oponen a esa liberación de patentes y propiedad intelectual. Argumentan que hacer eso desincentiva la inversión en investigación. Pero eso es falso, pues la mayor parte de ese financiamiento proviene de los gobiernos: de los trece mil 900 millones de dólares destinados a la vacuna contra el COVID-19, los gobiernos han aportado ocho mil 600 millones; las organizaciones sin fines de lucro mil 900 millones; y las farmacéuticas privadas, sólo tres mil 400 millones (Airfinity).

La verdadera razón de la oposición de estos países y las farmacéuticas a la liberación de patentes es, de nuevo, el lucro. Vayan tres ejemplos: la empresa estadounidense Pfizer-Biotech con la venta de vacunas por producir mil 280 millones de dosis, tendrá ingresos de 23 mil 680 millones de dólares. A la también estadounidense Moderna le encargaron 780 millones de dosis, que le generarán ingresos por 24 mil millones de dólares. Se vende más cara.  En cambio, la inglesa AstraZéneca Oxford producirá tres mil 290 millones de dosis por las que obtendrá 19 mil 740 millones de dólares. Se calcula que para inmunizar a toda la población mundial aplicando dos dosis (7 mil 700 millones de personas a un precio promedio de 15 dólares por dosis) se gastarían 231 mil millones de dólares.

¿Una cifra escandalosa, inalcanzable? Esa cantidad no representa ni el 5% de lo que ganaron los 2 mil multimillonarios del planeta durante la pandemia, mientras se sumaban 500 millones de pobres más a la cifra planetaria que ya alcanza los 4 mil millones de personas. (Pasqualina Curzio. El negocio de la vacuna contra el covid-19. La muestra más inhumana del capitalismo (alainet.org) )

Si estuviéramos en un planeta realmente humanizado, toda la situación de la pandemia se procesaría con los binomios enfermedad/salud, muerte/vida. Pero no es así porque para el capitalismo dominante, concentrador, excluyente las categorías básicas para procesar lo que ha hecho morir y sufrir a millones de personas de todo el globo, los binomios son: insumo/producto; inversión/rendimientos, lucro puro y duro, pues.

El ciclo es perverso: la voracidad sin fin del capitalismo por explotar la naturaleza sin limitaciones, generó la transmutación de huéspedes del virus y de ahí el salto al género humano. Nos enfermó. Ahora, la voracidad de las farmacéuticas y sus países de origen nos pretende curar a un alto costo, incluso imposible de cubrir para muchos países y personas. Ganancia antes, ganancia después. Pero también muerte antes, durante y después.

En Brasil un grupo de intelectuales, artistas y activistas encabezados por el teólogo Leonardo Boff y Chico Buarque, han escrito una dramática “Carta a la Humanidad”, cuyo texto –señalan— es fruto de la impotencia, que la pandemia ha diezmado al pueblo brasileño peor que la guerra con Paraguay, que le costó 50 mil muertos. Denuncian el genocidio en curso: “Brasil sufre hoy el colapso intencional del sistema de salud. El descuido de la vacunación y las medidas preventivas básicas, el fomento de la aglomeración y la ruptura del confinamiento, sumado a la ausencia total de una política de salud, crean el ambiente ideal para nuevas mutaciones del virus y ponen en peligro a los países vecinos y a toda la población. Vimos con horror el exterminio sistemático de nuestra población, especialmente de los pobres, quilombolas (afrodescendientes) e indígenas”.

Para ellos, el responsable de este genocidio al presidente Jair Bolsonaro: “Este hombre sin humanidad niega la ciencia, la vida, la protección del medio ambiente y la compasión. El odio al otro es su razón para ejercer el poder.” La arrogancia, la torpeza y el descuido con que ha manejado la pandemia, han hecho que Brasil sea el segundo país del planeta con más contagios y fallecimientos y que el virus haya mutado al virus amazónico, que ya llegó a los Estados Unidos.

Por otro lado, sin que haya una carta formal todavía, ya son muchas las voces, desde abajo y desde arriba, entre ellas la del presidente López Obrador, que claman para que las naciones ricas dejen de acaparar vacunas y patentes.

Todo esto revela, una vez más, que el capitalismo es letal no sólo para la vida de los ecosistemas, sino también para la vida humana. Al enfrentarse a una crisis como la de la pandemia del COVID 19, salen a flote sus tendencias de concentración del poder, del lucro, de desinterés por el conjunto de la humanidad. Tal vez los corruptos y autoritarios Trump y Bolsonaro sean los extremos, pero la lógica de las trasnacionales farmacéuticas y los países ricos, va en la misma línea de beneficiar sólo a unos cuantos y obtener provecho económico.

Por eso se necesitan muchas Cartas Abiertas a la Humanidad, como la de las personalidades brasileñas. Para poner nuestra vida y supervivencia como especie por delante, para que los valores como la solidaridad, el bien común y el cuidado, sean los que orienten la globalización. Si no se hace así, ni siquiera los que pretenden acaparar patentes, vacunas, medicamentos, se van a salvar, y de eso no se quieren convencer. O nos salvamos todos juntos, o todos juntos perecemos.