1. Más de un año de pandemia y sus implicaciones en la educación
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Crónica: Notas sobre educación en tiempos de pandemia

 
María Villa

Docente de Nivel Secundario

 

 

 

Ha pasado ya un año de que tuve que enviar a mis alumnas y alumnos de tercer año de secundaria a su casa, sin fecha de regreso. Hicimos todo lo posible para adaptarnos a las circunstancias de ese desafío. Fue relativamente fácil porque habían sido mis estudiantes en primer grado y casi habíamos completado el ciclo escolar; muchos de ellos podían usar un correo electrónico, exploraban de manera aceptable un buscador de Internet y su teléfono celular. El tiempo me permitió incluso dar seguimiento a la inscripción a su siguiente nivel de estudios, la escuela media superior. Durante ese ciclo escolar, tuve gran urgencia de revisar contenidos, de tal manera que sólo me faltaba preparar a las alumnas y alumnos para el examen de admisión, pero ya no fue posible, no volví a verlos. Terminó el curso y no representó el menor problema, las calificaciones finales se obtendrían por un indiscutible promedio anual. La comunicación con mis estudiantes, como dije, fue relativamente fácil, porque los tenía agregados en páginas de Facebook que yo misma administro y que cumplen distintos fines, como proporcionar una biblioteca, una página sobre escritura y otros temas. Aquí me detengo; unos días antes de irnos, la dirección escolar nos informó que estaba prohibido contactar estudiantes por teléfono, celular o redes sociales pues, de hacerlo, se calificaría como delito y el docente que desafiara la orden enfrentaría consecuencias legales. Estuve a punto de dar de baja dichas páginas web. Esto ocurría cuando tuvimos que migrar a la red, no con mucho éxito, pues en promedio 3 de 10 alumnos tenían internet en casa. Aun así, se hicieron millones de cuentas desde la Secretaría de Educación Pública, pues ésta pretendía dar clases en línea. Así se hizo, pero, no se produjo la respuesta esperada. Entonces se nos pidió diseñar otras formas para llegar a nuestros alumnos. Así terminó el curso.

Para el inicio del actual ciclo, el esfuerzo fue faraónico ya que no conocía a ninguno de mis alumnos, todos eran de nuevo ingreso. Al trabajar en equipo los docentes, conseguimos en un mes hacer un directorio de los estudiantes, subrayo, esto fue muy difícil porque los datos o no se entendían o no fueron escritos, sólo teníamos imágenes en pantalla que no ayudaban casi en nada. Desde el inicio del ciclo escolar trabajábamos todo el día. Pronto descubrimos sin mucha sorpresa, por llamadas telefónicas, que los medios de comunicación serían el teléfono celular y la aplicación de Whatsapp, el libro de texto, los cuadernillos de trabajo, y un mínimo de recursos. También nos dimos cuenta de que había muchos alumnos inscritos, el sistema lo hizo de forma automática pero nunca se inscribieron. No todos nuestros alumnos tenían teléfono, eran de sus padres y algunos se iban a trabajar fuera durante una, dos o más semanas y los niños tenían que esperar a que volvieran, para poder enviar sus tareas y labores.

Al principio se nos indicó que la planeación de actividades debía sólo basarse en el contenido de la televisión educativa y eso nos tranquilizó un poco. Pero, a unos días de haber empezado formalmente el curso, nuestros alumnos nos informaron que no tenían televisión o señal. La situación era crítica, teníamos que reformular todo y el curso ya había empezado.

Tuvimos reuniones académicas urgentes, para seleccionar el contenido esencial que manejaríamos. En este caso, sólo nos quedaban como base el libro de texto, la planeación de actividades, la elaboración de materiales, la producción de recursos tecnológicos como videos; estos últimos tenían que ser asincrónicos, para que los alumnos pudieran verlos cuando tuvieran datos, o dispusieran de teléfono. Pero nuevamente la Secretaría de Educación nos reunió de forma tardía, para implementar un modelo pedagógico al que llamó: educación a distancia.

Se nos dijo en canal por televisión de señal abierta que otra vez tendríamos que volver a empezar, se indicó que esto sería a distancia. ¿De qué se trataba? Solo era una pretensión, pues no había ningún modelo operante.

El Sistema Educativo quería que los alumnos participaran del proceso de enseñanza aprendizaje, pero no pudo resolver el tema de la inequidad del acceso, los recursos materiales y tecnológicos.

La inequidad en el acceso se vio reflejada en los alumnos que podían pagar o no la cuota de inscripción al inicio del ciclo escolar. Ésta se usa para que las escuelas puedan ejercer gastos de operación, pero la respuesta fue confusa, de tal manera que dejó fuera aproximadamente a tres millones de alumnos que cursaban la educación básica.

En cuanto a la inequidad de los recursos materiales, tenemos escuelas con una infraestructura que va de muy escasa a suficiente. Las primeras se encuentran en los contextos más desfavorecidos. Y esto mismo ocurre con los recursos humanos, los docentes mejor calificados se ubican en las zonas urbanas más beneficiadas, mientras los profesores menos calificados y de recién ingreso, están en las zonas más apartadas y empobrecidas. El mecanismo de asignación a los centros educativos debería operar justo en sentido contrario.

A través de exámenes, el sistema ha logrado contratar a los docentes de nuevo ingreso, con distintos perfiles profesionales. Pero cuando llegan al centro de trabajo, se les da una carga horaria que no corresponde al perfil para el que fueron contratados, de manera que tenemos docentes de ciencias impartiendo materias de humanidades y viceversa. Entonces se produce una mayor desigualdad en la adquisición de conocimientos, para los niños y adolescentes.

La pandemia también deja ver que los contenidos curriculares son muy extensos y no están dosificados de manera que midan parámetros de contenidos, por niveles que reflejen lo que los alumnos deben saber. En este contexto, evaluar el aprendizaje y si este ocurrió, no puede medirse ni es posible. Las herramientas tecnológicas disponibles para alumnos y profesores y que condicionaron el aprendizaje, no fueron suficientes ni accesibles para todos. El único instrumento útil en este tiempo de contingencia fue el libro de texto. Por esa razón, los estándares de calidad logrados hasta este ciclo escolar no pueden y no deben bajar.

Hoy más que nunca, el sistema educativo tendrá que comprender la complejidad de los escenarios económicos, sociales y culturales en que se desenvuelven sus estudiantes. Debe dejar de reproducir y disminuir la desigualdad con la que participan los educandos, pues la escuela carece de sentido si no ofrece a la sociedad acceso a los bienes culturales. Pero, para que lo haga, deben cumplirse ciertas condiciones básicas desde la política educativa hasta los centros escolares, a fin de igualar la infraestructura de todas las escuelas y que estas cuenten con recursos básicos, como biblioteca, salones con dimensiones adecuadas para el número de estudiantes, baños, agua, luz, internet, libros de texto, psicólogo, médico o enfermera, experto en educación especial, y que sin importar el área geográfica donde se encuentren, las escuelas dispongan de estos recursos.

Urge diseñar protocolos de intervención en seguridad, con los que puedan operar las escuelas. Regular la convivencia sana y pacífica de los centros escolares, sigue siendo un tema que no está en la agenda de la misma Secretaría de Educación Pública. Los profesores no pueden ejercer la docencia ni contener la descomposición social creciente, sin que haya una respuesta de política pública que atienda a los grupos más vulnerables.

Enfrentamos una falta de articulación de política educativa, desde dentro del sistema y fuera de él. Si bien sabemos que este es un contexto de emergencia, debe servir al menos para generar un modelo educativo a la altura del ser humano que necesitamos. Y no uno al servicio de la economía voraz, que sobreexplota a las clases trabajadoras y no permite la sostenibilidad de los recursos naturales. Seguimos mirando a los países de Occidente, con la esperanza de parecernos a ellos, pero la pandemia nos obliga a ver hacia otro lado y mirarnos a nosotros mismos. Por ello, debemos crear un sistema educativo que funcione para nuestro contexto, fomentar la ciencia y las artes, de tal manera que la siguiente pandemia no nos toque estando desprevenidos, a expensas de lo que nos permitan u ofrezcan otras naciones. Hoy, los países se segregan intencionalmente en temas económicos, de salud y política, mientras las naciones menos favorecidas, se quedan más solas y más pobres.