2. Justicia, inseguridad, medio ambiente y economía en México

Glifosato: Un peligro para México

 
Viridiana Lázaro

Especialista en Agricultura y Cambio Climático, Greenpeace México

 

 

 

En los últimos días el tema del glifosato se ha convertido en un  asunto de interés nacional y no es para menos, ya que a partir de que la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) ha declarado su prohibición para 2024 el sector empresarial ha salido a defender este producto con gran ímpetu pues de su uso dependen ganancias multimillonarias..

Pero ¿qué es el glifosato y por qué ha generado tanta polémica? Es pertinente comenzar explicándolo. El glifosato es el ingrediente activo de muchos herbicidas comercializados en todo el mundo, que son estas sustancias usadas para eliminar hierbas o arvenses. Los herbicidas a base de glifosato son ampliamente utilizados para el control de arvenses ya que no son selectivos; el glifosato elimina toda la vegetación que encuentra a su paso, lo cual resulta ser un riesgo para la gran diversidad de plantas que no son resistentes a esta sustancia. Actualmente el  glifosato es el herbicida más usado en todo el mundo; fue introducido al mercado por la empresa Monsanto en 1974 con su formulación más conocida, el Roundup® (CONACYT, 2020).

El glifosato, por muchos años, ha sido promovido como “seguro”, sin embargo, una creciente evidencia científica cuestiona la seguridad de este herbicida. En primer lugar, la Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), de la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo clasificó en 2015 como probable carcinógeno en humanos en el grupo 2A. Esta clasificación hace alusión al nivel de certeza que existe entre la relación de estas sustancias y algún tipo de cáncer. Respecto a lo anterior, la monografía de lARC concluye que "hay evidencia limitada en humanos para carcinogenicidad del glifosato" y "hay evidencia suficiente en animales de experimentación para la carcinogenicidad del glifosato” (IARC,2015).

El glifosato, por muchos años, ha sido promovido como “seguro”, sin embargo, una creciente evidencia científica cuestiona la seguridad de este herbicida. En primer lugar, la Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), de la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo clasificó en 2015 como probable carcinógeno en humanos en el grupo 2A. Esta clasificación hace alusión al nivel de certeza que existe entre la relación de estas sustancias y algún tipo de cáncer. Respecto a lo anterior, la monografía de lARC concluye que "hay evidencia limitada en humanos para carcinogenicidad del glifosato" y "hay evidencia suficiente en animales de experimentación para la carcinogenicidad del glifosato” (IARC,2015).

CUADRO

También en 2019 el Departamento de Salud del gobierno de los Estados Unidos publicó un perfil toxicológico del glifosato que coincide con el reporte publicado por la OMS y en 2020 se publicó la 5ª edición de la Antología toxicológica del glifosato, que integra mil 108 investigaciones científicas sobre los efectos del glifosato en la salud y el ambiente, dando más evidencia de lo peligroso que resulta este herbicida para la salud humana y para el medio ambiente.

 

El glifosato afecta la biodiversidad

El glifosato puede impactar sobre la biodiversidad de diferentes formas y puede tener efectos negativos a corto y largo plazo, así como también efectos directos e indirectos. Por ejemplo, recientes investigaciones que dio a conocer el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) indican que el glifosato, el POEA (polioxietil-amina, es el compuesto que más se utiliza como surfactante) y el AMPA (ácido aminometilfosfónico, el principal metabolito del glifosato -sustancia que se forma al degradarse el glifosato-) son contaminantes ambientales muy extendidos en los suelos, sedimentos y ecosistemas microbianos, cuerpos de agua (superficiales y subterráneos), incluso en agua potable, ambientes marinos, entornos urbanos, periurbanos y agrícolas.  El glifosato causa la inhibición de microorganismos benéficos para el suelo, lo cual con el tiempo ocasiona que se degraden y erosionen con facilidad.

El glifosato también contribuye a la proliferación de las llamadas “malezas agresivas” que son arvenses que han generado resistencia a los herbicidas, lo cual ha provocado que los agroquímicos sean menos eficaces, por lo que cada vez se tienen que aplicar cantidades mayores e incluso se utilizan combinaciones de herbicidas para potencializar los efectos que algunas veces, incluso resultan ser más tóxicos.

Así también, hay evidencia acumulada de que el glifosato puede tener un impacto perjudicial sobre organismos acuáticos como resultado de su utilización en la agricultura. Es evidente que el glifosato y sus productos formulados comerciales  pueden ser nocivos para las especies en muchas etapas a lo largo de la cadena alimentaria, incluyendo la cadena alimentaria acuática (CIBIOGEM,2019) (Martín Rossi, 2020).

 

El glifosato afecta la salud humana

Como ya se mencionó el glifosato es considerado como probable cancerígeno por la IARC, y hay que precisar que los efectos de este herbicida depende de la dosis, el tiempo de exposición y de los diferentes compuestos que contenga el herbicida. Los daños a la salud que ocasiona el glifosato van desde dolores de cabeza frecuentes, fatiga, ansiedad, irritación de mucosas y piel, alergias en personas que están expuestas ocupacionalmente, hasta  desarrollo de cáncer de distintos tipos (leucemia, melanoma, mieloma múltiple, linfoma no Hodgkin, así como cavidad oral, próstata, tiroides, colon, pulmón, recto, páncreas, riñón, vejiga y próstata).

También produce estrés oxidativo, que es el daño celular ocasionado por radicales libres, que a su vez se relaciona con el desarrollo de varias enfermedades crónico degenerativas (CONACYT, 2020).

Además, es importante resaltar que el glifosato puede ser considerado como la punta del iceberg de un sistema agroalimentario industrial insostenible, el cual es dañino para la salud humana y de los ecosistemas. El actual sistema agroindustrial nos ha puesto en una situación de vulnerabilidad como población ante el COVID-19, ha erosionado los suelos, contaminado el agua y, considerando a la ganadería, contribuido con el 38% de emisiones de gases de efecto invernadero que ocasionan el cambio climático (IPCC, 2014) .

 

 

Glifosato ¿y autosuficiencia?

Los agroquímicos utilizados en la agricultura y, en particular, los plaguicidas altamente peligrosos (PAP), lejos de contribuir a la autosuficiencia del país nos han hecho más dependientes de este modelo agroindustrial que atenta contra la biodiversidad y la salud humana, ya que cada vez se necesitan dosis más altas de glifosato para poder eliminar a las arvenses no deseadas.

Por consiguiente -citando las palabras de Alfonso Campos, un agricultor sinaloense- “el problema de costos no es en el control de las hierbas y el uso o no del glifosato, sino que los principales problemas se encuentra en los eslabones que conforman el proceso productivo que son: semillas, nutrición, labranza, agua, costos financieros, agroquímicos”. El problema no se sitúa en el control de arvenses, sino en el modelo agroindustrial actual. Incluso el agricultor menciona que el precio de las semillas transgénicas que ofrecen las grandes empresas les cuesta el doble que las semillas en el mercado internacional.

En una carta dirigida al Presidente de la Confederación de Asociaciones Agrícolas del Estado de  Sinaloa (CAADES), el agricultor Alonso Campos aborda el tema de la rentabilidad ampliamente y menciona que el costo de aplicación de glifosato por hectárea para el control de arvenses resulta ser más caro que hacerlo con el tractor, ya que además de comprar el herbicida a las grandes empresas se tiene que pagar la renta del tractor o el avión para dispersarlo en los campos de cultivo; por el contrario si se hace uso únicamente del equipo de descostre y tractor, se disminuyen los costos. Por ello, incluso en términos de rentabilidad resulta más barato eliminar los arvenses utilizando solamente el tractor.

Además, en términos de rentabilidad, es importante tomar en cuenta que los rendimientos de los cultivos transgénicos tolerantes al glifosato no son significativamente mayores que sus equivalentes no transgénicos (CONACYT, 2020). Además de que en el mercado los productos ecológicos- sin plaguicida, ni transgénicos, respetando los derechos humanos de campesinas y campesinos- son cada vez más valorados. También es importante mencionar que la tolerancia al glifosato no aumenta el rendimiento de los cultivos; por el contrario, los debilita y los hace más vulnerables a las plagas.

El uso de los transgénicos y del paquete tecnológico, que incluye al glifosato, han estado asociados a la pérdida de soberanía y autosuficiencia alimentaria, porque cada vez es más difícil que las y los mexicanos tomemos la decisión de cómo producir los alimentos y qué comer, ya que el mercado está controlado por pocas empresas que son al final las que deciden qué y cómo se producen nuestros alimentos, sin importar las consecuencias ambientales y a la salud que esto pueda ocasionar.  Son estas mismas empresas las que argumentan que sin el glifosato la producción se vendrá abajo y se pondrá en riesgo el campo mexicano.

Sin embargo, existen proyectos como el modelo denominado Agricultura Campesina de Conocimientos Integrados (ACCI) combinado con Manejo Integrado de Cultivos Inducidos (MICI), implementado por la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC), que nos demuestran que se puede lograr una producción agroecológica con buenos rendimientos sin necesidad de utilizar glifosato u otros plaguicidas altamente peligrosos (ANEC,2020). Experiencias como evidencian que es posible cambiar el modelo agroalimentario para producir alimentos más saludables y nutritivos dando alternativas a las agricultoras y agricultores de dignificar su labor en el campo.

 

Agroecología, la alternativa

En Greenpeace México, creemos que el camino para alcanzar la soberanía y autosuficiencia alimentaria en armonía con la naturaleza es la agroecología, pero también consideramos que debe existir mayor apoyo a la investigación, más subsidios a los productores en transición agroecológica y a aquellos que ya practican la agroecología, pues desde hace muchos años los únicos apoyos que se brindan al campo son destinados a la producción agroindustrial.

También se tiene que tomar en cuenta que la agroecología no es una receta que puedas aplicar a lo largo y ancho del país, sino que se tienen que respetar las particularidades de cada región, característica que pareciera un problema, pero que, de hecho, se vuelve una de las mayores ventajas cuando hablamos de adaptación y resiliencia, porque nos permite ser más resilientes y adaptarnos al cambio climático.

Así bien, es necesario que se apoye la transición agroecológica con investigación y acompañamiento del proceso, pero también es necesario que se cuente con información sobre cómo funciona el modelo actual.  Las diferentes dependencias deben brindar información sobre importaciones, ventas, consumo y volumen de aspersión de glifosato y otros agroquímicos para hacer transparente su uso y avanzar mejor hacia la erradicación de los agroquímicos tóxicos.

Hasta ahora no existen datos confiables ni concluyentes sobre la cantidad de glifosato que se utiliza en México, ya sea en programas federales como por parte de los productores particulares, a pequeña, mediana o gran escala. Tampoco es claro el historial de volumen de importaciones en los últimos 10 años. De hecho, a ciencia cierta, no se ha podido cuantificar qué tanto glifosato y otros agroquímicos altamente tóxicos se usan en el país, aunque se estima un sobre uso por encima de lo que recomiendan las mismas empresas productoras del veneno.

 

Privilegiar el enfoque precautorio sin esperar a que ocurra lo peor

Ante este panorama, en Greenpeace México respaldamos las declaraciones de SEMARNAT de prohibir el glifosato para el año 2024, mediante su reducción progresiva, desde el enfoque de principio precautorio, que significa actuar ante la posible afectación ambiental y a la salud sin tener que esperar a que lo peor ocurra. Apelar al principio precautorio a favor del medio ambiente y de la vida, en lugar de recurrir al sistema basado en el riesgo en el que se tiene que justificar un daño, resulta crucial para la protección de los ecosistemas y de la salud de las personas.

Estamos convencidas de que avanzar en la decisión asumida por el actual gobierno hacia la prohibición progresiva en el uso del glifosato para el año 2024 es el primer paso para una transición agroecológica que nos brinde autosuficiencia y soberanía alimentaria de manera sana y segura para México.

Sin embargo, para la SEMARNAT y su titular Víctor M. Toledo no ha sido  fácil mantener esas declaraciones. El presidente de la Comisión Nacional Agropecuaria (CNA), Bosco de la Vega, e incluso el mismo secretario de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), Víctor Manuel Villalobos Arámbula, han manifestado su descontento con dicha decisión, haciendo más evidente el doble discurso que manejan. El presidente del CNA, por su parte, ha hecho declaraciones alarmistas que indican que sin el glifosato la producción del campo mexicano se viene abajo, sin darse cuenta que dichas declaraciones reflejan aún más lo vulnerable que es el actual sistema de producción industrial y la urgencia de modificarlo.

En el caso del Secretario de la SADER, pretendió de manera unilateral, sin consenso y contradiciendo las instrucciones del Presidente de México -que son a) prohibir el glifosato de manera inmediata en todas las dependencias de gobierno, b) prohibición del maíz transgénico en territorio nacional, c) designación del CONACYT como entidad encargada de documentar alternativas para sustituir el glifosato-, publicar ante la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria (CONAMER) el anteproyecto presidencial relacionado con el tema del glifosato, incluyendo el nombre de Toledo, sin su previo consentimiento. Esto motivó al titular de la SEMARNAT a solicitar una disculpa pública, pues además de incluir  su nombre en un documento sin su aval, el texto contradecía absolutamente las acciones que la Secretaría que encabeza había emprendido en la materia.

Pero a pesar de que la prohibición de glifosato ha sido incluso declarada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, hasta el momento solo se queda en declaraciones, porque aún no existe un decreto presidencial que lo asegure.

Greenpeace considera positivas las declaraciones del gobierno federal de detener la utilización de glifosato en los programas federales y de reducir las importaciones del mismo, a fin de prohibir totalmente su uso de manera generalizada hacia 2024.  Esta decisión es un paso importante en la dirección correcta para transitar hacia un modelo agrícola con menor impacto ambiental y poder aspirar a una agricultura ecológica que respete los derechos humanos de campesinas, campesinos, productores a pequeña y mediana escala que nos permita alcanzar la soberanía alimentaria de nuestro país.

Greenpeace reitera su posición respecto al daño del glifosato en el ambiente y la salud de las personas, y la necesidad de eliminar su uso de manera total hacia 2024, a la par que se adoptan alternativas de sustitución para los productores articuladas dentro de las prácticas agroecológicas,  para el manejo integrado del control de arvenses.

Así también es necesario asumir el compromiso de cumplir con la Recomendación 82/2018 emitida por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en enero de 2019, promovida por Greenpeace junto con más de 40 personas,  que insta a diversas instancias, como la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), SEMARNAT y SADER, a atender la mala gestión y manejo de los plaguicidas en México, en particular aquellos altamente peligrosos (PAP), recomendación que las distintas instancias federales de este gobierno, han aceptado acatar en todos sus términos.

La prohibición del glifosato en México será el primer paso para avanzar hacia una producción ecológica que preserve la biodiversidad y la agrobiodiversidad forjada en manos campesinas desde hace milenios, dándonos la oportunidad de gozar de un medio ambiente sano y un sistema agroalimentario verde y justo.

 

 

Referencias

Agencia Internacional de Investigación de Cáncer (IARC). 2015. Monographs on the Identification of Carcinogenic hazards to humans. https://www.iarc.fr/wp-content/uploads/2018/07/MonographVolume112-1.pdf

 

Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC). 2020. ACCI-MICI.  http://www.anec.org.mx/acci-mici-agricultura-sustentable

 

Comisión Intersecretarial de Bioseguridad de los Organismos Genéticamente Modificados (CIBIOGEM). 2019. Repositorio de información científica sobre el glifosato. https://www.conacyt.gob.mx/cibiogem/index.php/sistema-nacional-de-informacion/documentos-y-actividades-en-bioseguridad/repositorio-glifosato

 

Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) .2019.Expediente científico sobre el glifosato y los cultivos GM. http://conacyt.mx/index.php/comunicacion/ciencia-para-la-sociedad/especiales/1289-expediente-cient-glifosato-y-cultivos-gm

 

Greenpeace. 2019. Se avanza en el cumplimiento de la Recomendación 82/2018 de la CNDH en materia de plaguicidas en México. https://www.greenpeace.org/mexico/blog/2163/se-avanza-en-el-cumplimiento-de-la-recomendacion-82-2018-de-la-cndh-en-materia-de-plaguicidas-en-mexico/

Intergovernmental Panel on Climate Change ( IPCC). Agriculture, Forestry and Other Land-Use (AFOLU).

 

Martín Rossi.2020. Antología toxicológica del glifosato.https://surcosdigital.com/wp-content/uploads/2020/04/Antologia-toxicol%C3%B3gica-del-glifosato-5-ed.pdf

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BRÚJULA CIUDADANA. Es una publicación electrónica mensual editada por Iniciativa Ciudadana para la Promoción de la Cultura del Diálogo, A.C., Tel. (55) 55141072, 

Editor responsable: Elio Villaseñor Gómez.

Editora de la revista, Delmy Xiomara Peraza Torres. 

Diseño: Judith Meléndrez Bayardo

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