1. Más de un año de pandemia y sus implicaciones en la educación

Foto de Feliphe Schiarolli vía Unsplash

Los efectos de la pandemia y los desafíos de la educación a más de un año del cierre de escuelas por la pandemia de COVID-19

 
Sylvia Schmelkes

Vicerrectora académica de la Universidad Iberoamericana

 

 

 

La desigualdad educativa se agrava

En México la realidad educativa es altamente desigual. La pandemia se impone sobre esta desigualdad previamente existente y la exacerba.

Se sabe cuáles son los grupos humanos, dónde se encuentran y cuántos niñas, niños y jóvenes en edad escolar existen y que, antes de la pandemia, presentaban una condición de desventaja educativa. Se trata, entre otros, de los habitantes del medio rural, sobre todo de las comunidades más dispersas; los indígenas rurales y urbanos; los niños, niñas y jóvenes que trabajan, sobre todo los que lo hacen por más de 20 horas fuera de casa; niños de familias en pobreza; los discapacitados. Los niños, niñas y jóvenes que pertenecen a estos grupos poblacionales acceden menos a la escuela, transitan por ella con mayor dificultad, permanecen menos en el trayecto educativo y aprenden menos, a juzgar por los resultados de las pruebas estandarizadas.

A continuación, podremos ver los resultados de la prueba de sexto grado de primaria, de lenguaje y comunicación, por nivel de marginación de la zona donde se vive y por recursos de la familia (constructo compuesto por acceso a bienes y servicios). Si bien los datos que se presentan son de hace seis años, esta es la última ocasión en la que el INEE calculó y graficó, de esta manera tan visible, la desigualdad educativa. Los resultados de aprendizaje cambian muy poco año con año (Backhoff, 2017).

GRÁFICA 1

RESULTADOS DE LA PRUEBA PLANEA DE LENGUAJE Y COMUNICACIÓN, DE 6to AÑO DE PRIMARIA, 2015

 

POR ZONAS DE MARGINACIÓN

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POR RECURSOS FAMILIARES

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Fuente: INEE. 2017. El Estado de la Educación en México. México: INEE.

 

Como puede apreciarse, entre más marginada es la zona, un porcentaje mayor de estudiantes obtienen resultados de nivel 1, que es el nivel por debajo del mínimo requerido para seguir aprendiendo o para desempeñarse en la vida. Lo mismo sucede con el índice de recursos familiares: entre más pobre es la familia, mayor es el porcentaje de alumnos que se encuentran por debajo del nivel básico de aprendizaje. A lo anterior hay que añadir el número de niños y niñas que no accede a la escuela o que deserta de ella, que en educación primaria es ya muy bajo (98.8% de los niños y niñas del grupo de edad correspondiente a la educación primaria, de 6 a 11 años, asiste a la escuela).

Con el arribo de la pandemia, a partir del 22 de marzo de 2020 se cierran las escuelas. El confinamiento obligado conduce a que el gobierno recurra a las tecnologías para suplir la ausencia de la educación cara a cara, como lo hacen prácticamente todos los países del mundo. El programa respectivo en México se denomina Aprende en Casa, y tiene las versiones I (marzo-julio 2020), II (agosto-diciembre 2020) y III (enero 2021 a la fecha).

En nuestro país, además del acceso a internet, y debido al hecho de que hay zonas en las que no existe el servicio y familias que no poseen ningún dispositivo para conectarse, se recurre a la televisión, mediante un acuerdo inédito entre la Secretaría de Educación Pública y algunas televisoras comerciales. También se recurre a la radio, sobre todo para transmitir en lenguas indígenas en las regiones densamente habitadas por pueblos originarios. Además, en el inicio del ciclo escolar 2020-2021, con algunas dificultades, se distribuyeron los libros de texto gratuitos. En algunas entidades federativas y a través del sistema CONAFE de cursos comunitarios, se han producido materiales complementarios que también se han distribuido.

Por desgracia, son justamente los estudiantes que pertenecen a los grupos que hemos identificado en desventaja educativa los que no tienen acceso a internet y en algunos casos, tampoco a la televisión o a la radio. Datos de la OCDE (2021) indican que el 53% de los estudiantes de 15 años que asisten a la escuela – que son sólo el 62% de los jóvenes de 15 años – cuenta con computadora, y el 68% tiene acceso a internet. Las diferencias por cuartiles de ingreso son enormes: el 13% de los que se encuentran en el 25% de más bajos ingresos tiene acceso a una computadora; por su parte, dentro del 25% que cuentan con mayores recursos, el 78% tiene acceso a una computadora. De los países de América Latina que la OCDE investiga y que son los que participan en PISA, México es el país con la mayor brecha digital. Esta brecha digital sobrepone una capa más de desigualdad a las previamente existentes. Una política de atención a la emergencia que descansa fundamentalmente en la tecnología, agrava y exacerba estas desigualdades.

 

Información disponible sobre el impacto educativo del COVID-19

Existe muy poca información acerca del impacto educativo del COVID-19, pues la Secretaría de Educación Pública ha revelado muy pocos datos. Los que presento a continuación son resultado de esfuerzos no gubernamentales por monitorear el impacto educativo de la pandemia.

La encuesta ENCOVID-19 de la Universidad Iberoamericana (EQUIDE, 2020), telefónica, aplicada a una muestra representativa en el mes de mayo de 2020, encuentra que solamente el 60% de los estudiantes pudieron seguir las clases en línea del programa Aprende en Casa. Este porcentaje es mayor en primaria (63.4%) que en secundaria (58.7%) y en preescolar (56.7%), y es aún más bajo en el nivel medio superior (47.9%). El medio más utilizado para ver o escuchar la programación de Aprende en Casa es la televisión (73.8%), seguido de lejos por el internet (33.7%).

La dificultad para seguir el programa Aprende en Casa obedece a múltiples razones, entre las cuales se encuentra la falta de acceso a la tecnología, el que en la casa haya más de una persona que comparte el dispositivo, la necesidad de trabajar de los estudiantes debido a la crisis económica y al desempleo que acompaña la pandemia, la ausencia de espacios propicios para actividades de aprendizaje, o bien las condiciones de miedo, ansiedad y depresión que la pandemia ha provocado entre los niños, niñas y jóvenes como consecuencia del confinamiento y/o de la enfermedad o pérdida de miembros de la familia, que los colocan en menor disposición al aprendizaje. Estos factores, con excepción del último, afectan mayormente a los más pobres.

Una encuesta en línea llevada a cabo por el Departamento de Educación de la Universidad Iberoamericana a finales de 2020, se aplicó a una muestra no representativa de alrededor de 50,000 maestros y 220,000 estudiantes. Entre otros temas, esta encuesta revela que tanto docentes como estudiantes han tenido afectaciones socioafectivas (miedo, desánimo, tristeza, intranquilidad, preocupación) en porcentajes importantes.  Encuentra que el 28% de los docentes tuvo contacto con menos del 60% de sus estudiantes. El medio de comunicación más empleado para mantener contacto es el WhatsApp. Tanto para docentes como para estudiantes, la educación a distancia ha aumentado su carga de trabajo. Los docentes evalúan el programa Aprende en casa con una calificación de 7.2/100. No todos los maestros han contado con apoyo de las instituciones, desde su propia escuela hasta las autoridades educativas.

Una tercera encuesta llevada a cabo por Mancera et al. (2021) y publicada en Nexos se aplicó también a una muestra no representativa que, si bien es mucho más pequeña que la anterior, indaga sobre las desigualdades provocadas por la pandemia entre las diversas regiones del país. Entre otras cosas, encuentra diferencias en el porcentaje de docentes que está implementando la educación a distancia. En los estados del sur este porcentaje es de sólo 64%, mientras en el Estado de México, por ejemplo, es de 95.5%. También encuentra diferencias regionales en las horas dedicadas a la educación a distancia, en la dificultad percibida de educar a distancia y en las estrategias empleadas en el trabajo a distancia. Una diferencia que no se correlaciona con el nivel de pobreza relativa de la entidad federativa, es la percepción del apoyo por parte de las autoridades, pues la encuesta encuentra que en la ciudad de México esta percepción es más baja, aunque en las escuelas privadas es significativamente más alta.

 

Los daños de la pandemia en educación básica

Los datos anteriores nos permiten suponer que, durante la pandemia, se ha producido y acumulado un déficit de aprendizajes en todos los niños, niñas y adolescentes, pero sin duda este déficit afecta más a los que de antemano se encontraban en una situación de bajo aprendizaje. La educación a distancia, sobre todo cuando se lleva a cabo por medios no interactivos, uniformiza el contenido y el ritmo de la enseñanza que se impone sobre una realidad claramente diversa y heterogénea. El resultado es que se excluye a muchos estudiantes de seguir el proceso y lograr aprendizajes, y conforme pasa el tiempo, son más los alumnos y alumnas que se van perdiendo. Esto afecta principalmente el desarrollo de habilidades como el cálculo y la lectura y escritura, que requieren una secuenciación y la guía de un docente capaz de detectar retrasos o dificultades en el aprendizaje, a fin de atenderlas. Estas habilidades son fundacionales, por ser indispensables para todo aprendizaje y si no se logran adecuadamente, afectarán sin duda el progreso escolar.

Esto perjudica especialmente el desarrollo de habilidades como cálculo, lectura y escritura, que necesariamente implican una secuenciación, pero que son fundacionales para todo aprendizaje.

Ahora bien, podemos suponer (y hay estimaciones) que, como consecuencia de la crisis económica, crece el trabajo infantil, sobre todo entre los niños, niñas y jóvenes de 12 años y más. Antes de la pandemia, laboraban jornadas superiores a 20 horas semanales 700,000 niños, niñas y jóvenes entre los 5 y los 17 años. Podemos suponer que este número se ha incrementado considerablemente.

Como consecuencia tanto del déficit de aprendizajes como del trabajo infantil, seguramente ha aumentado el abandono escolar. Todavía no conocemos la dimensión del impacto sobre la asistencia a la escuela. Estimaciones diversas ubican a alrededor de un 20% de estudiantes que han decidido no volver – los menos – o que no saben si van a poder regresar. Abatir los índices de deserción escolar ha costado muchos años. Así por ejemplo, en educación media superior, el índice de abandono disminuyó apenas cuatro décimas de punto porcentual entre los ciclos escolares 2015-16 y 2018-19 (de 13.3% a 12.9%). Este aumento en el abandono escolar, si se concreta, representará muchos años de retroceso en el avance educativo del país (Signos Vitales, 2020).

 

El regreso y el futuro de la educación obligatoria en México

Estamos ahora preparando el regreso a las aulas. Sin embargo, esta preparación es fundamentalmente sanitaria: se limpian las escuelas y se decretan normas de aforo y sana distancia. No se observa una planeación que atienda la desigualdad pedagógica para la vuelta a clases, que incluya atender con mayores y mejores recursos a quienes más sufrieron educativamente por la pandemia, así como priorizar los contenidos de aprendizaje privilegiando las habilidades fundacionales, diseñar un programa de recuperación del abandono, formar a los docentes para que su práctica escolar atienda a las grandes diferencias que habrá entre los alumnos. Esto precisa dotar al docente de herramientas, para que pueda tomar decisiones curriculares adaptadas a los diversos contextos nacionales, detener las evaluaciones con consecuencias por un tiempo razonable e implementar medidas de aceleración del aprendizaje.

Muchas de estas medidas no deben ser sólo para enfrentar el retorno inmediato. Deben formar parte de una nueva concepción del sistema educativo, equitativo e incluyente, diversificado, descentralizado a nivel de la escuela y respetuoso del profesionalismo docente. Desgraciadamente, no observamos que ello se esté considerando.

La pandemia ha generado una tragedia educativa, cuyo impacto sobre al menos la mitad de los niños, niñas y jóvenes en edad escolar es de largo plazo, probablemente incluso sea generacional. Esta problemática sólo podrá resolverse mediante una transformación de las políticas educativas inerciales que le dan más recursos a quienes tienen mayor poder económico y político, para atender a los sectores que se encuentran en condiciones de pobreza. Por lo tanto, debe evitarse centralizar las decisiones que sobrecargan los planes de estudio uniformes, e invertir mayores recursos en la formación y actualización docente.

 

Referencias

Backhoff, E., Vázquez-Lira, R., Contreras, S., Caballero, J., y Rodríguez, J.G. (2017). Cambios y tendencias del aprendizaje en México: 2000-2015. México: INEE. https://historico.mejoredu.gob.mx/wp-content/uploads/2018/12/P1C156.pdf

 

EQUIDE. 2019. Necesario, plantear la escuela en la convivencia con el coronavirus | IBERO.

 

INEE. 2017. Informe de resultados PLANEA 2015. El aprendizaje de los alumnos de sexto de primaria y tercero de secundaria en México. Lenguaje y Comunicación y Matemáticas. México: autor. https://historico.mejoredu.gob.mx/wp-content/uploads/2019/01/P1D246.pdf

 

Mancera, C. y otros. 2021. Pandemia, maestros, tecnología y desigualdad. https://educacion.nexos.com.mx/pandemia-maestros-tecnologia-y-desigualdad/,

 

Medina, L. y otros. 2021. Educar en Contingencia. Libro en prensa. La encuesta puede encontrarse en https://drive.google.com/drive/folders/1e7NtCNvhautxxFYBe9aoMNXOe3okaE3g?usp=sharing

 

Signos Vitales. 2020. La pandemia en México. Dimensión de la tragedia. México: Signos Vitales.

https://signosvitalesmexico.org.mx/rb/wp-content/uploads/2020/10/Pandemia-en-Me%CC%81xico-SC-1.pdf