2.  Manisfestaciones de la crisis hídrica en el territorio mexicano
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Foto de Mark Erskine/Unsplash

La crisis del agua en Nuevo León: un factor condicionante en todas las esferas

“La libertad de unos cuantos, la esclavitud de todos”

Nicolas Pierre Foucras PhD
Mónica Escalante Guerrero
Dulce Kristell Godinez Morales

Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno

TEC de Monterrey, campus Monterrey

 

 

Tomar agua nos da vida, tomar conciencia nos dará agua” 

(Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente, 2017)

 

 

Introducción: Monterrey 

 

“Nuevo León ha proyectado una imagen competitiva basada en su papel como economía regional dentro de México” (Gómez, 2021). Desde su fundación, y posterior expansión, se ha identificado por su relevancia dentro del rubro industrial, empresarial y progresista proyectando una imagen de gran poderío a nivel nacional e internacional.

En un sin fin de ocasiones ha atraído la atención de diversos clusters empresariales por su gran desarrollo e iniciativas que no sólo impulsan el bienestar económico del estado sino de todo el país.

 

Hay que reconocer que si bien, muchos critican dicha acepción, esto “no ha sido obra del azar sino de un proceso de construcción y desarrollo de capacidades productivas e institucionales” (Gómez, 2021). 

Debido a estas condiciones, y muchas otras que escapan del enfoque de este corto artículo, es que a Monterrey, la capital de Nuevo León, se le ha llegado a conocer como “la ciudad más moderna del país”, “la mejor ciudad para vivir”, “la ciudad más agradable de México”, entre otros. 

Desgraciadamente, al vivir en un mundo con actores, necesidades y preferencias cambiantes, el crecimiento que durante un largo periodo de tiempo se mantuvo en auge, actualmente resulta no ser del todo primordial. Dicha reacción ha surgido, sobre todo, del alto costo que el desarrollo industrial ha comenzado a generar para el bienestar de sus habitantes que, de manera concreta, se han visto afectados por la “inadecuada distribución de recursos que ha derivado en un problema de gobernabilidad del agua” (Tello, s.a.). 

 

La crisis y su actualidad 

 

De manera histórica, el estado de Nuevo León se ha caracterizado por presentar un crecimiento exponencial a nivel económico, industrial y poblacional. Dicho desarrollo ha generado oportunidades para múltiples sectores de la población, no obstante, es necesario reconocer que este mismo (háblese del crecimiento) también ha llevado a la generación (y posible propagación) de factores negativos como: el crecimiento desmedido, la inseguridad, la corrupción y la falta de planeación urbana, entre otros aspectos importantes, llegando no solo a trastocar los tejidos sociales de la población del estado, sino también la estructura social y su desarrollo a niveles personales que escapan de la esfera local, municipal o nacional. 

Uno de los aspectos más afectados por dicho crecimiento es sin lugar a dudas, el abastecimiento de agua potable, un bien tan elemental para la vida humana que por su primordialidad también es considerado una necesidad básica que debe ser cubierta para vivir dignamente y que de acuerdo con la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es un recurso que debe de ser provisto y garantizado de manera equitativa para todos los individuos por parte del Estado. 

“[A]unque el abastecimiento de agua potable representa un servicio público de carácter obligatorio este no ha podido ser enteramente satisfecho por muchos gobiernos dentro de diversos países y ciudades” (Tello, s.a.). Uno de ellos, es Nuevo León, el cual de manera crónica ha venido presentando una crisis de agua a lo largo de cerca de ocho décadas. Misma, que el mes de febrero alcanzó consecuencias extremas orillando al gobierno del Estado a emitir “la Declaratoria de Emergencia por Sequía en la entidad” (Milenio digital, 2022), y generando la suspensión del servicio de agua y la reducción al máximo del servicio mediante una sectorización (mal realizada) del estado en base a variables como el tamaño de la población y la localización de las llamadas zonas de presión.

Derivado de la situación anteriormente expuesta, la población ha realizado compras de pánico dentro de supermercados y tiendas de conveniencia que ha dejado los anaqueles anteriormente repletos sin rastro del líquido vital. De tal manera, el recurso que anteriormente tenía la finalidad particular de favorecer a la realización de los procesos fisiológicos del cuerpo, ahora también funge como un medio para cubrir las necesidades básicas de saneamiento, hecho que se ha visto reflejado en la subcrisis de agua purificada. 

Cuando una sociedad está acostumbrada a vivir bajo la sombra del privilegio resulta complejo ejecutar una modificación dentro de su rutina de manera repentina. Desgraciadamente, ante la magnitud de la crisis, la población regiomontana no ha tenido otra opción, pues en medio de la extrema sequía, la reducción del consumo pasó de ser una opción a una obligación. 

Con el fin de posponer el día cero, y ante una temporada marcada por la ausencia de lluvias, el Gobierno del Estado se vio obligado a incursionar dentro de la búsqueda de alternativas y soluciones que fueran sostenibles para poner fin a la escasez del recurso hídrico.  

Una de las iniciativas más controversiales es la reducción de la presión en el suministro de agua dentro de un horario de seis de la tarde a seis de la mañana. La medida fue acompañada por el corte de agua imprevisto dentro de ciertas zonas de la ciudad, ocasionando la molestia de grandes sectores de la población. 

El Plan Maestro para garantizar el agua de Nuevo León hasta 2050, también conocido como “Plan Maestro” de manera informal, contempla la primera acción (la reducción de la presión), no obstante, deja de lado la suspensión total del servicio. 

El plan Maestro ha sido implementado desde el año pasado y contempla una duración de 29 años, los cuales se dividen en tres etapas; corto plazo (2021 a 2022), mediano plazo (2022 a 2027) y largo plazo (2027 a 2050). Dentro de cada una de estas etapas se engloban acciones diseñadas por “especialistas del Tecnológico de Monterrey, la Universidad Autónoma de Nuevo León y centros de investigación internacionales como Rand Corporation” (Consejo Nuevo León, 2018). Sin embargo, estas buscan abordar la crisis con un enfoque que puede ser considerado como “cortoplacista” al otorgar una seguridad momentánea e impredecible que se basa en el mantenimiento de un estilo de vida no sostenible, el cual no busca adaptarse ni mejorar, sino generar y obtener agua a como dé lugar, lo que constituye un patrón de abuso replicado de manera medioambiental, local, estatal y nacional que sitúa a Monterrey como usurpador de un bien común. 

Todo parece repetirse cíclicamente. Alfonso Martínez Domínguez, gobernador del estado de Nuevo León en los años de 1979 a 1985 advirtió la ineludible escasez de agua que se alcanzaría en el periodo de 2010 a 2020. En su mandato presentó una pequeña muestra de lo que podría llegar a suceder posteriormente (la irremediable situación actual). Este hecho polémico logró atraer la atención de actores pertenecientes al gobierno federal como lo fue Miguel de la Madrid (expresidente de la República Mexicana), el cual participó de forma activa en la inauguración de la presa de Cerro prieto, iniciativa que fue desarrollada por el gabinete de la época para solucionar de manera momentánea la escasez de agua. De acuerdo con Martínez Domínguez, este proyecto garantizaría el recurso hídrico hasta el año 2020, siempre que fuera utilizado y administrado de manera razonable, de lo contrario, añadía el exgobernador, “[v]olvería a haber una crisis de agua y surgiría la necesidad de traerla de lugares muy lejanos y a precios muy altos” (Félix, 2018).

Aunado a esto, Domínguez expuso la correlación existente entre el crecimiento de la población y la disponibilidad del agua mediante la afirmación de que “[M]onterrey no debía crecer más allá de 3 o 4 millones de habitantes” (Félix, 2018). Esto, basado en la imposibilidad de garantizar el abastecimiento a un número mayor de personas. 

No obstante, es importante considerar que la predicción realizada condiciona la esencia ideológica sobre la que Nuevo León sustenta su crecimiento y desarrollo industrial, empresarial y progresista. Resulta necesario ir más allá de la profecía realizada por el exgobernador y abordar un escenario más completo que contemple los distintos detonantes como lo son las dimensiones y actores involucrados en el núcleo de la escasez. 

Dentro de las dimensiones identificadas se destaca la complacencia institucional a los grandes emporios materializada en la sobreconcesión. Al respecto, en la investigación realizada por el activista Antonio Hernández en el año 2018, con base en cifras oficiales de la CONAGUA, el total de aprovechamientos subterráneos por parte de grandes y conocidas empresas como lo son Coca Cola, Topo Chico y Cuauhtémoc superaba los 30 simplemente durante este periodo. Bajo esta misma línea es importante mencionar que también existe una sobreexplotación de la Cuenca del Río Bravo, pues durante el mismo año se tiene registro de la concesión de “80 mil títulos de explotación”  (Félix, 2018), a empresas embotelladoras. 

A pesar de que la complacencia institucional es una variable importante, resulta imprescindible aclarar que esta no debe ser considerada como el núcleo de la problemática, puesto que esta debe ser analizada mediante una visión integral que contemple la relación que esta (y otros factores) guardan con la mala gestión del recurso y la corrupción. 

Al ojo público, la relación existente entre el gobierno y las empresas es casi incomprobable e invisible, pues no existen datos claros a los que la población tenga acceso. No obstante, mediante un análisis de carácter más profundo que involucre una comparación de datos es posible identificar la presencia de inconsistencias dentro de la información presentada por los medios oficiales de gobierno. 

Un ejemplo sumamente palpable es el caso de la empresa Ternium, que recientemente fue reconocida por el Gobernador del Estado debido a su donación de agua, en sus palabras “[n]o fue suficiente, no obstante, fue destacada debido a la falta de iniciativa por parte de otras empresas” (Flores, 2022). Dicha acción sitúa a Ternium como una empresa social y ambientalmente responsable, acto que se ve cuestionado al presentar los datos proporcionados por Frente Nuevo León, el cual expone la lista de compañías que lideran el consumo anual de agua en el Estado, dentro de la que Ternium México ocupa la posición número uno con un consumo de “14 millones 654 mil 772 metros cúbicos” (Robledo, 2022).

Continuando con este análisis, y haciendo uso de datos oficiales presentados por la CONAGUA en la Cumbre de Innovación Climática llevada a cabo en Monterrey en el año de 2022, la industria hace uso de un cuatro por ciento en términos de consumo de agua. Situación que aparentemente podría ser interpretada como un consumo insignificante en comparación con el 96 por ciento restante, sin embargo, al comparar ese dato con los obtenidos por parte de Elizabeth Barrón Cano (socióloga, investigadora y defensora del recurso) el porcentaje presentado se ve cuestionado ya que afirma que sólo “15 empresas acaparan un total de 44 millones 490 mil 222 metros cúbicos anuales del agua” (Robledo, 2022), dentro de la entidad. 

Formando parte de las irregularidades presentadas en los datos, se encuentra el porcentaje de agua destinadas al sector agrícola, el cual de acuerdo con información proporcionada por la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), conforma el 71% dentro del estado de Nuevo León. 

No obstante, es importante tener en cuenta que con el término “agrícola” no se hace referencia a la producción local o de pequeña escala, sino también a aquella efectuada por las grandes compañías. Aunado a esto es relevante aclarar que el establecimiento de datos exactos que cuantifiquen el tipo de actor y sector que consume una mayor cantidad resulta complejo debido a múltiples factores como la informalidad y la corrupción. 

Las últimas variables que comprenden este análisis, y que escapan (medianamente) de nuestras manos son el cambio climático y la posición geográfica de Nuevo León, último que se ve caracterizado por “un clima seco y semiseco” (INEGI, s.a.), incluyendo “precipitaciones anuales, muy escasas o inexistentes” (ACNUR, 2019). Aunado a esto, el cambio climático ha provocado que la falta de lluvia se agrave y que el aumento de la temperatura incremente hasta “2.5 grados centígrados” (Rodríguez, 2022), generando así un mayor estrés hídrico e incendios recurrentes dentro de zonas forestales y el área urbana. 

La falta de agua, el cambio climático y los incendios recurrentes han extendido sus ámbitos de afectación, incluyendo ahora a la salud que compete al área del bienestar social y las dinámicas de los neoleoneses. En palabras de Samuel García, actual Gobernador de Nuevo León, “[un ciudadano dentro del estado gasta en promedio, 70 litros de agua al asearse” dejando, disponibles para el resto de su día, dependiendo de la zona, un total de 90 litros, en lugares pertenecientes a la Zona Metropolitana, y 110 litros en el caso de San Pedro y Santiago (2022). Es relevante mencionar que el consumo de agua dentro del estado es alarmante, no solamente por la situación actual, sino también por la falta de conciencia que se ve reflejada con los datos anteriormente mencionados, los cuales exceden el promedio del consumo de agua de un ser humano, que de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, debe de ser de “100 litros al día para satisfacer sus necesidades tanto de consumo como de higiene.” (OMS en Gobierno de México 2019).  

Actualmente, el llamado de atención respecto a la gestión del recurso no solo proviene de la comparación que nos permiten realizar los datos proporcionados por la Organización Mundial de la Salud, sino, también, de la irresponsabilidad inherente que demuestran los porcentajes bajo los que se identifica el consumo de los neoloneses, los cuales resultan ser insostenibles hoy en día debido a los bajos niveles que presentan las presas. Las cuales, de acuerdo con el Monitoreo de las Principales Presas de México que forma parte del Sistema Nacional de Información del Agua y es administrado por CONAGUA, muestran que a fecha de 27 de Agosto de 2022 las cuatro presas (háblese de “El Cuchillo”, “Cerro Prieto”, “La Boca” y “Salinillas”) presentes dentro del estado cuentan con un porcentaje total de llenado respecto al NAMO de 106%, el cual en comparación con datos correspondientes al mes de junio del mismo año muestran una diferencia de 20%, pues dentro de ese mes se contaba con un porcentaje total de llenado respecto al NAMO de 126% (revisar el porcentaje individual de cada presa a distintas fechas en la Table 1)

Tabla 1 : comparación de porcentaje total de llenado respecto al NAMO.

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Como se puede observar, las presas se encuentran a un nivel que no logra satisfacer el consumo habitual de los habitantes del estado. Por lo que resulta importante que se asuma “[u]na nueva cultura de agua que implique un elevado costo social y una gestión eficiente pero sostenible del recurso” (Vela, s.a.). A su vez, es fundamental que las acciones que se están desarrollando no sólo intenten contrarrestar la crisis u obtener el agua a como dé lugar, sino que, además, busquen concientizar a grossa manera respecto a la inviabilidad inherente ante la realidad utópica de seguir viviendo como lo hacemos. 

El abuso efectuado sobre el medio ambiente y los recursos naturales (renovables y no renovables) debe detenerse. El rol que desempeñamos a nivel grupal e individual debe ser modificado, pues “no existe nadie mejor para gestionar sosteniblemente un «recurso de uso común» que los propios implicados” (1995).

 

Fuera de observar la crisis como una problemática a resolver, esta también debe ser visualizada como una oportunidad que generé la reivindicación de los patrones de consumo para evitar la creación de soluciones cortoplacistas que propagan iniciativas basadas en la resiliencia al cambio y la solidaridad, última que si bien muestra un trasfondo humanitario no permite el ascenso de una nueva cultura de consumo que evidencie un cambio estructural profundo. Aunado a esto, es relevante que nuestra mentalidad como individuos se vea reformada, pues de no hacerlo la formación de un círculo vicioso de privilegio propagara el mantenimiento de los patrones perjudiciales y exclusivos que nos lleven a una fase donde la ley del más fuerte predomine. 

Es importante recordar que nuestro rol como individuos pertenecientes a un sistema democrático no solo consiste en exigir a las autoridades pertinentes soluciones a los problemas que nos aquejan, sino también en el ejercicio activo de una ciudadanía inclusiva que preste atención a sus acciones individuales, efectos compartidos y el alcance de un bienestar común, ya que de no hacerlo nos situaremos en un escenario que garantice la ruina colectiva. 

Si bien, el cambio de paradigma proviene en gran medida de nuestras acciones, es necesario que exista una unión entre la sociedad y el Estado, ya que este deber ser el principal apoyo para gestar la transición a un cambio sostenible. 

Durante la crisis, el gobierno estatal, municipal y sus órganos institucionales, dieron paso a la creación de distintos planes para garantizar el acceso al recurso, si bien estos han surtido cierto efecto, es importante señalar que, como se mencionó anteriormente, el enfoque de los mismos recae en una visión limitada que se enfoca en una cultura de “abasto” frente al desabasto. 

Profundizando dentro de la iniciativa principal del Gobierno del Estado (háblese del Plan de Maestro) y situándonos dentro de la etapa que comprende el año 2027, nos encontramos con una coordinación del Gobierno Federal y el Gobierno Estatal que recae sobretodo en la “construcción de un segundo ducto en la Presa El Cuchillo en China, NL para extraer el doble de agua” (Gobierno de Nuevo León, 2022). Dentro de esta iniciativa que iniciará su construcción en septiembre del presente año se involucraran recursos de ambos niveles de gobierno. “[D]urante el evento “Comprometidos por el Agua de Nuevo León” Samuel García, señaló que los costos generados por la obra se dividirán por partes iguales (50% lo asumirá el gobierno federal y el otro 50% el gobierno estatal)” (Flores, 2022). “[L]os intereses generados por el crédito, de así serlo, se verán absorbidos por la Federación” (Carrillo, 2022). 

A través de la materialización de esta alianza, se demuestra que el papel que juega Nuevo León a nivel nacional (háblese de este como actor industrial y como socio clave dentro de las cadenas de valor) es de suma importancia. Dicho hecho se ve demostrado mediante la viralización del tema a nivel internacional y nacional, que ligado con la injerencia que ha tenido el Gobierno Federal a nivel económico, político y social genera una visualización que confiere que el tema se vea envuelto dentro de un contexto mediático, mismo que lleva a cuestionar si el actuar del gobierno es motivado por la problemática y su posterior solución o, bien, por cuestiones que recaen en fines políticos ideológicos. Aunado a esto, es de suma importancia que se cuestione el actuar del Gobierno Federal, pues resulta interesante imaginar cómo sería la situación dentro de otro estado en el que posiblemente no se cuente con el tamaño (háblese a manera geográfica y demográfica) ni importancia o visibilidad que Nuevo León presenta.

En definitiva, la crisis que azota al estado de Nuevo León y a sus ciudadanos evidencia que el día cero, situación que se proyectaba se alcanzaría en un plazo lejano está más cerca que nunca. Aunado a esto, es importante tener en cuenta que, bajo la escasez de agua, el crecimiento económico se verá limitado dando paso no solamente a la acentuación de las desigualdades sociales dentro del territorio, sino también al surgimiento y constitución de múltiples problemas sociales, los cuales compartirán (como base principal) la obstaculización del desarrollo justo, mismo que podría desencadenar la materialización de actos violentos y/o guerras a nivel nacional e internacional. 

La privación de agua potable, es una violación directa a los derechos humanos, sin embargo, en un contexto futuro donde el líquido vital sea limitado las posibilidades de garantizar el respeto al estatuto son mínimos, pues ¿de qué manera se podría cubrir dicho derecho si no hay más agua? 

La situación por la que atraviesa el estado de Nuevo León es un ejemplo de lo que futuramente podría llegar a pasar dentro del país. Cada mes, el porcentaje mundial de agua disminuye, y, por su lado, el riesgo de llegar a un punto sin retorno se acrecienta. 

Algunos autores han nombrado a este siglo como “[e]l peor de los tiempos”. No obstante, otros mencionan que si bien, estos están en lo cierto también hay que considerar que estamos en uno de los mejores debido a que aún existe oportunidad de corregir el mal realizado” (Earle, s.a). 

El momento de buscar soluciones inclusivas que consideren el bienestar de las próximas generaciones ha llegado. 

Para contener o por lo menos adaptarnos a una situación cada vez más crítica, será necesario asumir una nueva cultura de agua que tome en cuenta el establecimiento de soluciones basadas en “los ejes de la gobernabilidad del agua (háblese del eje ambiental, el social, el económico y el político”) (Jiménez et. al, 2010), y que replantee nuestro rol y responsabilidad dentro del problema. Para lograrlo, no solamente será necesaria la implementación de programas dirigidos a la sociedad que tengan como objetivo la concientización y sensibilización respecto a la situación, sino también el desarrollo de iniciativas que incluyan a estos mismos actores, en medida de lo posible, dentro del proceso de toma decisiones respecto a lo referente en la gestión del recurso hídrico. 

Es importante recordar que, como se mencionó en un principio, Monterrey goza de una importancia destacable derivada de la posición que le brinda el factor industrial dentro de las cadenas de valor. A causa de esto, el freno del desarrollo dentro de este rubro resultaría sumamente perjudicial a nivel estatal y nacional. Por lo tanto, la respuesta no recae, solamente, en la suspensión de las operaciones a este nivel, sino en la cuestión de cómo cubrir las necesidades básicas de los ciudadanos sin frenar dicho crecimiento. 

“[U]n estado tan importante como Nuevo León (háblese de uno de los más cosmopolitas en América Latina identificado por la modernidad, el lujo y el prestigio), debería ir un paso más adelante dentro de la planeación hídrica” (Consejo Nuevo León, 2018); sobretodo considerando la “innovación” que lo caracteriza, la cual ha brillado a lo largo de este año por su ausencia dentro del rubro agravando (y perpetuando) la situación actual.

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