1. Panorama económico en tiempos imprevisibles
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Foto de Edward Howell vía Unsplash

Nuevas incertidumbres para las economías en el tercer año de la pandemia

 
Enrique Provencio

Coordinador del Informe del Desarrollo en México

Programa Universitario de Estudios del Desarrollo de la UNAM

 

 

El tercer año de la pandemia inició con nuevas incertidumbres sobre las perspectivas del desarrollo en el mundo y en México. Los pronósticos ya titubeaban en el otoño de 2021, pues la acelerada expansión de la variante Delta del coronavirus introdujo nuevas dudas sobre el control de la enfermedad. En eso apareció y se propagó la ola Ómicron, y de nuevo se encendieron las alertas sobre el curso que tomará la salida de la crisis, o sobre la manera en la que continuaremos por más tiempo en el Covid-19.

 

Sobre las olas

Esta crisis sigue siendo distinta a las que registra la historia de los últimos 100 años, pues en la que estamos viviendo el proceso no inició con los desajustes tradicionales que provocan las recesiones o las depresiones, sino con las interrupciones ocasionadas por el brote del SARS-COV-2 y su conversión en una suspensión de actividades por los confinamientos y cuarentenas del primer semestre de 2020, el Año 1 de la pandemia. De ahí en adelante, el ritmo de la superación de la profunda crisis está regulado por dos canales: el primero, la aparición de nuevas oleadas infecciosas, en las que empieza dominando una variante del virus y luego se impone otra; y, el segundo, la propagación de impactos diferidos en las economías, en el comercio mundial, las cadenas de abastecimientos, en los precios, entre otros fenómenos que se han ido registrando y que, al parecer, prevalecerán por más tiempo. Esta sigue siendo una crisis tanto sanitaria como económica y social.

Si se mira por el agregado de casos confirmados de Covid-19, al iniciar el tercer año de la pandemia el mundo estaba registrando la quinta gran ola del padecimiento. La primera abarcó desde los registros iniciales de Wuhan, en China, y se extendió hasta mediados de enero de 2021. Los comportamientos de las regiones que utiliza la Organización Mundial de la Salud (OMS) son diferentes, y más los ciclos en los diferentes países. La segunda ola llegó a su pico hacia fines de abril, también de 2021, y la cuarta ola empezó a ceder cuando terminaba agosto.

Antes de la Ómicron

En algunos países la quinta ola ya había empezado antes de que se diera la alerta de la nueva variante desde Sudáfrica, y de que a fines de noviembre de 2021 la OMS constatara que había evidencias de que la Ómicron era suficientemente preocupante por su capacidad de reproducción[1]. Para entonces, los nuevos casos ya iban en ascenso en algunos países como efecto de la variante dominante previa (la Delta), e incluso se habían empezado a endurecer las medidas de protección. Por ejemplo, en Alemania a mediados de octubre se había roto la tendencia a la baja en la confirmación de casos, y desde entonces el índice de rigor de los indicadores de respuesta empezó a elevarse, hasta llegar mes y medio después al nivel más elevado desde que inició la pandemia[2].

Así que los problemas ya se anticipaban desde antes de la ola Ómicron. De hecho, en sus Perspectivas de la Economía Mundial de octubre de 2021, el Fondo Monetario Internacional asentaba que las derivaciones económicas internacionales de la pandemia estaban resultando más persistentes de lo que se creía y que sus huellas durarían más tiempo del previsto inicialmente; que se estaba complicando la adopción de políticas más efectivas para propiciar la recuperación y para enfrentar los retos multidimensionales; que se estrechaba el margen de maniobra para controlar la inflación y facilitar la creación de empleos, y, en síntesis, que “la veloz propagación de la variante delta y el peligro de nuevas variantes multiplican las dudas sobre la celeridad con la que se podrá superar la pandemia”[3].

Nótese que esta alerta se refería a la variante Delta, la que fue desplazada velozmente a partir de noviembre de 2021, y que para fines del mes siguiente ya era dominante en la mayor parte del mundo, cuando estaba en ascenso la quinta ola de la pandemia, a una velocidad que superaba con mucho la tasa de propagación de las olas anteriores. La quinta ola despuntó en la semana 51 de 2021, ya en el periodo vacacional. Si en la primera quincena de diciembre la tasa semanal de crecimiento de los casos nuevos confirmados se movía entre uno y cinco por ciento, para la primera semana de 2022 ya rebasaba el ochenta por ciento de crecimiento semanal. En la medida con el promedio móvil de siete días, para el 14 de enero del Año 3 de la pandemia los casos diarios llegaron casi a tres millones en el mundo, el más alto que se hubiera registrado. 

La gran diferencia es que esta vez, con la quinta ola, la mortalidad ya no repuntó tanto (aunque sí pasó de unos seis mil fallecidos por día a principios de enero de 2022 a poco más de siete mil a mediados del mes). Las hospitalizaciones volvieron a crecer, sobre todo entre los enfermos no vacunados. Si se mide con la tasa por millón de personas, la mortalidad del Covid-19 se redujo a la mitad en el mundo entre los inicios del segundo y el tercer año de la pandemia, gracias, según la OMS, al avance de la vacunación.

 

 

Nuevas incertidumbres

El costo humano y social inmediato de la pandemia se redujo considerablemente, aunque no terminan sus incertidumbres y sus efectos diferidos. La validez y duración de los pronósticos sobre el futuro cercano de la economía se deterioran según la velocidad de propagación de las nuevas variantes del virus, tal como sucedió con la cuarta ola y con la quinta. Para el 11 de enero de 2022, antes de que se apreciaran en toda su magnitud las implicaciones de la fase Ómicron, el Banco Mundial registró que la economía mundial estaba “entrando en una profunda desaceleración en medio de las nuevas amenazas derivadas de las variantes de la Covid-19 y el aumento de la inflación, la deuda, y la desigualdad de ingresos, lo que podría poner en peligro la recuperación de las economías emergentes y en desarrollo”[4].

El efecto inmediato y directo de la quinta ola empezó a sentirse entre fines de diciembre de 2021 y principios de enero de 2022 en la cancelación de vuelos por parte de las aerolíneas, en la baja de reservaciones de restaurantes y hoteles, en la reducción de la movilidad y otros impactos sobre todo en los servicios turísticos y del transporte. Es probable que ya previamente hayan tenido repercusiones el reforzamiento de las medidas de control y de respuesta ante la elevación de casos por el Covid-19, como el ya mencionado en Alemania, y que también ocurrieron, aunque con menor intensidad, en Italia y Francia. China, por su parte, endureció sus programas de respuesta desde fines de noviembre de 2021, en su política de cero tolerancia ante los brotes regionales del coronavirus. Las previsiones son que China baje su crecimiento de 8 por ciento en 2021 a 5.1 % en 2022, por debajo de lo que se estimaba tres meses antes.

 

Menor espacio de maniobra

Más allá de los efectos inmediatos de la quinta ola, es precisamente la desaceleración de China y Estados Unidos lo que estará pesando más en el horizonte del Año 3 de la pandemia, e incluso más adelante, pues eso incidirá en las exportaciones de la mayor parte del mundo, como lo hizo ver la Comisión Económica de América Latina y el Caribe el 11 de enero pasado[5]. Además, hay tres grandes aspectos que generan más incertidumbres para 2022 y 2023: primero, que los programas directos de apoyo a la población para soportar los efectos de la pandemia han llegado o están llegando a su fin en los países desarrollados y en los pocos en desarrollo que los pusieron en práctica; segundo, que las medidas de política de endurecimiento monetario para controlar la inflación contribuirán a reducir la expansión por el encarecimiento del crédito, y, tercero, que muchos países en desarrollo enfrentarán dificultades para sostener el servicios de su deuda, tanto interna como externa, lo que también contribuirá a enfriar sus economías.

Estos y otros elementos suponen que para los países en desarrollo se estarán cerrando aún más los espacios de maniobra para aplicar políticas favorables para sostener la recuperación a mayor plazo, y, sobre todo, para llevar a cabo nuevas estrategias de reconstrucción tras la pandemia. Los efectos de la variante Ómicron no serán, por fortuna, tan intensos como los de 2020 y lo que aparece en el horizonte es que las nuevas olas serán menos costosas en vidas, hospitalizados, cierres de las actividades, confinamientos y cuarentenas, o, al menos, eso es lo que se viene observando. A no ser que una nueva variante no solo sea más contagiosa sino que también provoque daños más severos en la salud, a pesar de la vacunación. Hasta ahora los pronósticos son cuidadosos y tampoco hay certidumbre científica sobre la llamada conversión del Covid-19 en una enfermedad endémica, aunque ese sí parece ser un escenario probable.

En este marco, el tercer año de la pandemia se proyecta más como un aterrizaje forzado de los países en desarrollo, como lo llamó el Banco Mundial el 11 de enero, que como un paso hacia aquella nueva normalidad que tanto se anheló en el Año 1 de la pandemia. Hasta ahora lo que se viene concretando es una mayor desigualdad entre países desarrollados y en desarrollo, no solo las diferencias en los ritmos de recuperación, sino también por los retrasos en la aplicación de las vacunas en los países de menores ingresos, lo que está acentuando su vulnerabilidad y sus riesgos ante la eventualidad de que la pandemia se prolongue por más tiempo del esperado.

¿Se aplican estas perspectivas a México?

En buena medida sí, desafortunadamente. Para comenzar, en el transcurso de 2021, y antes de que se conociera la variante Ómicron, ya se habían deteriorado las expectativas económicas. A principios de septiembre se esperaba un crecimiento de 6.3 por ciento anual para 2021 y de 4.4 por ciento para 2022, y con ese supuesto general se estructuró el presupuesto para este año. Ya para entonces había signos que mostraban una desaceleración en curso, lo que se confirmaría en los siguientes meses. Para mediados de diciembre, la estimación de crecimiento en el año ya había bajado a 5.6 por ciento, y la de 2022 había caído a 2.8 por ciento, y, junto con ello, la estimación de creación de nuevos empleos también se había reducido.

Todo esto antes de que llegara la nueva ola de la pandemia. Aún considerando que esta no tendrá tan malas consecuencias, son de esperarse algunos impactos adicionales en estados y regiones que apenas estaban en proceso de recuperación, sobre todo en Baja California Sur, Quintana Roo y en la Ciudad de México, por ejemplo, entidades en las que tiene más impacto el daño sobre los servicios turísticos, las convenciones y otros. Del mismo modo, y aún con los esfuerzos de mayor eficiencia recaudatoria, pueden registrarse consecuencias sobre la recaudación, lo que puede terminar afectando las capacidades presupuestales tanto de gasto corriente como de inversión, en un año en el que resulta fundamental apuntalar la recuperación.

Por otra parte, la expectativa de inflación, mayor a la estimada en el programa económico de 2022, exigirá un esfuerzo adicional de coordinación entre las políticas monetarias y fiscales, en un entorno en el que hay poca disposición para poner al día las políticas económicas. La ola generada por Ómicron, en suma, acentúa las incertidumbres, debilita la recuperación y vuelve más compleja la reconstrucción económica y social tras la pandemia.

Referencias: 

[1] Organización Mundial de la Salud, 2021. Situación actual relativa a la variante Ómicron, 28 de noviembre de 2021. https://www.who.int/es/news/item/28-11-2021-update-on-omicron

 

[2] University of Oxford. COVID-19 government response tracker. https://www.bsg.ox.ac.uk/research/research-projects/covid-19-government-response-tracker

 

[3] Fondo Monetario Internacional, 2021. Perspectivas de la economía mundial, octubre 2021.  https://www.imf.org/es/Publications/WEO/Issues/2021/10/12/world-economic-outlook-october-2021

 

[4] Banco Mundial, 2022. Perspectivas económicas mundiales, enero 2022. https://openknowledge.worldbank.org/bitstream/handle/10986/36519/9781464817601.pdf

 

[5] Comisión Económica de América Latina y el Caribe, 2022. Balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe 2021. https://www.cepal.org/es/publicaciones/47669-balance-preliminar-economias-america-latina-caribe-2021