1. Panorama general y regional de las campañas electorales

Foto de Jorge Gardner en Unsplash

Entre el bipartidismo y su disrupción: un mapa político para comprender las elecciones del 2021 en Nuevo León

 
Cinthya Marsella Castañeda de León
Guillermo Alejandro Navarro Virgen
Cintia Smith

Departamento de Relaciones Internacionales y Ciencia Política, Tecnológico de Monterrey (Campus Monterrey)

 

 

El escenario de las elecciones locales 2021

Si se quita el sensacionalismo a la ya desgastada frase “las elecciones más importantes de la historia” y se evita caer en las fuertes influencias de la mercadotecnia política que se aprovecha de cada coyuntura para ganar la atención del votante, se puede afirmar que en cada elección se juega la posibilidad de transformación, inercia o detrimento de las instituciones políticas que dan forma a la sociedad.

A nivel nacional, las elecciones de este año podrían dar continuidad a “la cuarta transformación” o iniciar el paso a una alternancia política con un posible retorno de los partidos tradicionales o el fortalecimiento de uno emergente. En el caso de Nuevo León, el sistema político local se encuentra frente la confirmación de un nuevo quiebre que inició en el 2015 con la elección del candidato independiente Jaime Rodríguez Calderón, mejor conocido como El Bronco. Ese proceso electoral no solo significó la entrada y posible permanencia de nuevos actores al ecosistema político neolonés, sino la aparición de lógicas de acción que están repercutiendo en este año electoral y pueden explicar en buena medida lo qué está en juego para los ciudadanos y la clase política local.

El presente texto se propone explicar la trascendencia de las elecciones locales (Ejecutivo estatal, diputados locales y presidentes municipales de la Zona Metropolitana) del próximo julio 2021. Para ello, se vale de una perspectiva histórica y el trazo de un mapa de actores políticos desde una visión politológica. Esto puede dar luz sobre las implicaciones a corto y mediano plazo en uno de los estados clave del país.

 

El bipartidismo regiomontano

Si bien durante gran parte del siglo pasado el Partido Revolucionario Institucional (PRI) gobernó en Nuevo León bajo las premisas generales en que lo hacía el Ejecutivo Federal con el resto del país, las últimas cuatro décadas estuvieron caracterizadas por la llegada del Partido Acción Nacional (PAN) como actor de oposición, hasta la estabilización de un sistema bipartidista (Medellín, 2005).

Esto puede ser observado tanto en la Gráfica 1, donde se muestra la duplicación de diputaciones locales para este partido desde 1982 hasta el 1997, como en la Gráfica 2, donde se toma en consideración la conformación histórica del Congreso de Nuevo León entre 1994 y el 2012. Además, en la Tabla 1 se enlistan los gobernadores del Estado y sus partidos en las últimas 3 décadas.

 

Gráfica 1. Porcentaje de votos obtenidos por el PAN entre 19821 y 1997 para el Congreso Local

Cintia Gráfica 1. Porcentaje de votos .

Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Periódico Oficial del Estado de Nuevo León y la Comisión Estatal Electoral de Nuevo León

 

Gráfica 2. Conformación histórica del Congreso de Nuevo León (1994-2012)

Cintia Grafica 2. Conformacio n históri

Fuente: Comisión Estatal Electoral de Nuevo León (2010).

 

Se observa claramente la concentración de las dos fracciones mayoritarias del Congreso por parte del PRI de manera sostenida y del PAN en aumento, con la excepción del periodo 2003-2006. En las elecciones del 2012 el PAN mantuvo sus 17 diputados, mientras que el PRI bajó a 16. Estos dos partidos obtuvieron los mismos diputados en las elecciones del 2015.

Tabla 1. Gobernadores electos de Nuevo León (1991-2015)

Cintia Tabla 1. Gobernadores elec tos de

Fuente: Elaboración propia.

 

En la tabla 1 se puede observar una continuidad de los Ejecutivos del PRI, a excepción del periodo 1997-2003 con el gobierno de Canales Clariond del PAN y del 2015 a la fecha con la administración independiente de Jaime Rodríguez Calderón.

Aunque esta apertura democrática o alternancia se puede explicar por la serie de reformas electorales que iniciaron en 1977 (cuando el PRI comenzó a ceder estratégicamente en temas de pluralidad y participación política), durante todo este tiempo muchas agendas de desarrollo y justicia social quedaron congeladas. Por esto se puede concluir que la llegada del PAN a Nuevo León no significó un cambio sustancial en términos de agenda, sino solamente de distribución del poder; evidencia de esto fue la limitada administración del estado durante la estancia del PAN en el ejecutivo neolonés entre 1997 y el 2003 (Medellín, 2016). La falta de resultados cercanos a la ciudadanía se relaciona con problemas crónicos heredados. Por ejemplo, la falta de legitimidad de las instituciones políticas de la que sufren tanto los partidos políticos de oposición como el gobierno en turno, además del hartazgo político de los neoleoneses y las neoleonesas; sin dejar de convivir con el deseo de la sociedad civil de una transformación democrática (Mendoza y Wright, 2019).

Durante este periodo, el sistema bipartidista se sostuvo principalmente por la disciplina de partido dentro del PRI y el PAN, pero un par de procesos durante la administración del priísta Rodrigo Medina de la Cruz dieron forma al sistema político actual (2009-2015). El primero está relacionado con la conocida “guerra contra el narco” de aquellos años y los casos de corrupción. El medinismo aún es recordado por casos como el atentado en el Casino Royale (Camarena, 2011), el establecimiento de la empresa automotriz KIA en Pesquería, Nuevo León (Ramos y Rodríguez, 2016), el asesinato de los estudiantes del Tecnológico de Monterrey, Javier Arredondo y Jorge Mercado (Milenio Digital, 2019) y la creación de la estructura policíaca denominada como Fuerza Civil, bajo petición y coordinación de la clase empresarial (Buderath y Heath, 2020). De hecho, desde el medinismo se empieza a romper la disciplina de candidatos clave del PRI en las siguientes elecciones (particularmente por el caso de Jaime Rodriguez Calderón), por ser excluidos de los proyectos de Rodrigo Medina (Nuncio, 2015).

El segundo proceso se detona alrededor del 2012 por la reforma electoral que promueve el derecho a competir con candidaturas independientes (Báez y Tello, 2015) y la renovación de Movimiento Ciudadano (MC), tras haber existido previamente como Convergencia (Muñoz, 2011). El PRD y el PT únicamente habían alcanzado dos diputaciones locales cada uno. Asimismo, MORENA nacía en la arena pública federal, tras las elecciones presidenciales en las que Andrés López Obrador perdió mientras competía por el PRD (Montalvo, 2013).

Esto preparó el terreno para que, en el 2015, el bipartidismo comenzara a resquebrajarse en Nuevo León. El Bronco, salido de las filas del PRI como alcalde del municipio de García (en el área metropolitana de Monterrey), rompió la alternancia estatal bipartidista en el 2015. Se enfrentó a la candidata Ivonne Álvarez García (PRI) y al candidato Felipe de Jesús Cantú (PAN), ambos acusados de participar en negociaciones a modo y de haber sobreendeudado a Guadalupe y Monterrey durante sus presidencias municipales (Nuncio, 2015). La captación del voto de castigo de Jaime Calderón, a través de su discurso populista y la gran mediatización que ganó en redes sociales, están entre los principales motivos de su victoria (Hernández, 2017). Además, por primera vez en México, emergía un gobernador sin bancada en el Congreso local, lo que para el Bronco se ha traducido en una constante relación de confrontación con el poder legislativo.

Ahora bien, si tuviéramos que hablar del resto de los actores disruptivos, la herencia del Bronco como candidato independiente no es la única. También están las de Miguel Treviño y Alejandra del Toro, candidatos en el 2018 a presidente de San Pedro Garza García y diputada local por el Distrito 6, respectivamente. Aunque del Toro perdió las elecciones, en el 2021 es coordinadora de la plataforma de candidatos independientes de El Futuro Florece, que promueve una bancada de 4 candidatos independientes (Recio, 2021). Para el caso de Miguel Treviño, quien sacó al PAN del ayuntamiento del municipio más rico de América Latina, la reforma electoral del 2018, que permite la reelección consecutiva de presidentes municipales por un segundo término, le está dando la oportunidad de contender una vez más como candidato sin partido (Cordóva, 2021).

En cuestiones partidistas, el 2018 fue un año importante, tanto para Movimiento Ciudadano como para MORENA. El primero consiguió el triunfo de su fórmula de senadores y su primer diputado local de mayoría relativa y 2 plurinominales, a pesar de tener casi nula presencia en las presidencias municipales.

Respecto a MORENA, en las elecciones del 2018 aumentó de 0 a 8 su número de diputados en la Cámara local, cuyo bipartidismo ya se había puesto en juego desde el 2015.

Sin embargo, más tarde se darían reconfiguraciones internas entre las bancadas. Al inicio de la legislatura, MORENA llegó a ser la segunda fuerza en la conformación del poder del Congreso local, órgano que por primera vez lució como un sistema multipartidista; pues además de la caída del PRI de 16 a 6 diputaciones, el Partido del Trabajo y el Partido Encuentro Social obtuvieron respectivamente 2 y 1 escaños (H. Congreso del Estado de Nuevo León, 2021). Estos datos se observan a continuación en la Tabla 2.

 

Tabla 2. Conformación del Congreso de Nuevo León tras las elecciones del 2018.

Cintia Tabla 2. Conformacion del Congres

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la CEENL

 

El escenario de las elecciones 2021

Es importante recordar que los gobernadores son poderes políticos reales en la relación gobierno federal-entidad federativa y que Nuevo León es un estado clave por su poder económico, su ubicación geográfica y su clase empresarial. El hecho de que la candidata de MORENA y el candidato de Movimiento Ciudadano, Clara Luz Flores y Samuel García, respectivamente, representen una dura competencia para Fernando Larrazábal (PAN) y Adrián de la Garza (PRI), mostrándose como candidatos ciudadanos lejanos a los partidos políticos, es síntoma del lastre de la herencia bipartidista en la cultura ciudadana de Nuevo León.

Esta transformación brusca del entorno político tradicional en el estado, también explica la facilidad con la que sucede el llamado “chapulineo”[1] y la realineación de la clase política en diferentes partidos. Algunos casos ejemplares son los del ex alcalde y legislador federal Felipe Jesús Cantú (de PAN a Morena), la legisladora Karina Barrón (PAN-Independiente-MC-PRI) y Víctor Fuentes (de PAN a MORENA), y desde luego, el caso de Clara Luz Flores y Abel Guerra, alcaldesa con licencia y ex alcalde de Escobedo (de PRI a MORENA) (Marroquín y Ramos, 2021). La importancia de esta disrupción en los partidos políticos radica en el contexto que se vive a nivel federal y que se retomará más adelante: la dominación de Morena sobre la agenda pública y la posible conformación de contrapesos en las próximas elecciones.

 

Campañas y agendas: profesionalización, mismos huecos y nuevas inclusiones

La gubernatura de Jaime Rodríguez, “El Bronco”, no solo marcó un antes y un después en el bipartidismo local, sino que introdujo una nueva estrategia de comunicación política; es decir, una nueva forma de hacer política.

Dentro de las peculiaridades de las elecciones de 2015, destaca el uso de estrategias de comunicación como recurso para la personalización de la política. El candidato independiente sobresalió por su comunicación directa con los votantes por medio de la red social Facebook. A pesar de la limitación que pudiera tener en cuanto al financiamiento, debido a su condición de candidato independiente, Jaime Rodríguez sumó más de 700 mil seguidores en Facebook y logró una interacción directa y sostenida con el 85% de ellos (Hernandez, 2017). Asimismo, reafirma la introducción de esta estrategia de marketing político digital en el estado: “En Nuevo León, el modelo de autocomunicación política de masas movilizó el voto estratégico de los jóvenes, la clase media y los empresarios a favor del candidato independiente a gobernador y cimbró al sistema político bipartidista” (Hernández, 2015, p. 368).

A partir de ahí, se inaugura en el estado un nuevo modelo de comunicación en el que el electorado podía intercambiar información, comparar las propuestas de los candidatos y sus perfiles, superando la tradicional comunicación partidista del spot político televisivo y la imagen de movilización en las plazas públicas de las principales cabeceras municipales.

No cabe duda que esta es una apuesta de muchos candidatos de la Zona Metropolitana de Monterrey, ante la expansión de la vida en redes sociales durante la actual crisis sanitaria. No obstante, está lejos de ser la única o de declararse como la más importante; es interesante ver cómo los actores políticos emergentes no pierden las nociones de territorialidad, pues se mantienen recorriendo calles, plazas, colonias, municipios y localidades aún en el contexto de pandemia, para empatar con el recorrido histórico que ya han hecho el PRI y el PAN.

Este tema lleva a pensar en el peso del marketing político. Es evidente que las campañas actuales están gozando de un grado de profesionalización nunca antes visto en la zona urbana de Nuevo León, lo que también nos permite mencionar a los asesores de comunicación y empresas de mercadotecnia política como un actor indiscutido en el backstage de las campañas. El abanico de herramientas que se despliegan en campaña, hoy en día, va desde los grupos de enfoque y encuestas tradicionales, pasando por el uso de complejas bases de datos, hasta el aprovechamiento de la inteligencia artificial.

Hay muchas prácticas tradicionales que se están poniendo en cuestionamiento. En este caso se distingue la estrategia que las personas candidatas independientes del colectivo El Futuro Florece. A través de la campaña #PolíticaChatarra, invitan a la ciudadanía a denunciar el despilfarro, las propuestas engañosas, la propaganda que se convierte en basura, el machismo y el uso de bots en campañas; al mismo tiempo comprometen a otros candidatos a no seguir estas prácticas.

Entre las innovaciones de las elecciones de este 2021, también están las nuevas regulaciones promovidas por la Comisión Estatal Electoral de Nuevo León, particularmente las acciones afirmativas para incluir a personas indígenas, con discapacidad, jóvenes y de la diversidad sexual, dentro de las fórmulas partidistas a candidatos locales y candidaturas a presidencias municipales (Comisión Estatal Electoral de Nuevo León, 2020). A pesar de que el resultado de estas medidas no es el esperado, pues distintos partidos se han escudado en el derecho a la privacidad, resalta el liderazgo del organismo electoral en temas de representación política inclusiva. Además, se ha podido observar una amplia difusión de los mecanismos de denuncia por violencia política contra las mujeres, en razón de género.

En materia de opinión pública, la Gráfica 3 muestra que, durante la campaña, las encuestas de intención de voto han presentado cambios abruptos. Después de algunas semanas de inercia en las que casas encuestadoras como El Norte, Poligrama y Massive Caller presentaban a Clara Luz Flores (MORENA - PVEM - PANAL - PT) como la favorita, en las últimas publicaciones se observa un repunte drástico de Samuel García (MC) en un fenómeno que pudiera explicarse, bajo hipótesis, como la popular racionalización de “votar por el menos peor” o la visibilización de un grupo silencioso pero numeroso al que los escándalos de Clara Luz Flores y Adrián de la Garza dieron respaldo y les permiten ahora expresar sus preferencias públicamente.

Gráfica 3. Intención de voto. Gubernatura de Nuevo León

Cintia Gráfica 3. Intención de voto. .

Fuentes: Elaboración propia a partir de datos obtenidos de El Norte, Poligrama y Massive Caller (2021).

 

Tras la gubernatura como candidato independiente de Jaime Rodríguez Calderón, no hay una línea clara de sucesión, ni la garantía del dominio de un partido y, de cualquier manera, los cambios en la representación partidaria no dan signos importantes de cambios en la agenda pública neolonesa.

Es interesante analizar algunas de las posibles implicaciones, en términos de agenda pública, de los escenarios en que uno u otro candidato fuera elegido. Las agendas del candidato del PRI a la gubernatura de Nuevo León, Adrián de la Garza, y de la candidata por los partidos de Morena, Nueva Alianza (PANAL), Verde Ecologista de México (PVEM) y del Trabajo (PT), Clara Luz Flores, apuntan a la seguridad. Mientras Adrián de la Garza apela a su experiencia y resultados como procurador de justicia en Nuevo León (Mendoza, 2021), Clara Luz retoma su trabajo en Escobedo con el modelo, también con buenos resultados, de la policía de proximidad (Salgado, 2020).

El otro problema crónico es la corrupción. Este lo abandera el candidato a la gubernatura por Movimiento Ciudadano, Samuel García. Sin embargo, su falta de experiencia en la rama ejecutiva no permite vislumbrar si se trata de una propuesta con altas posibilidades de materializarse o si solo es producto de un trabajo de mercadotecnia política. Por su lado, el candidato a la gubernatura por el PAN y miembro importante del Grupo San Nicolás, Fernando Larrazábal, ha aplicado las prácticas tradicionales de los compromisos notariados. Hasta el momento ha compartido en sus redes sociales 53 propuestas en diferentes áreas de infraestructura pública, desarrollo económico, social y gobernabilidad (Larrazabal, 2021) y su campaña se ha caracterizado por mantenerse distante de los escándalos mediáticos orquestados por los otros tres candidatos populares.

Desde luego, la crisis sanitaria por COVID-19 ha hecho obligatorio para los candidatos y las candidatas presentar propuestas sobre educación, salud y reactivación económica, aunque lejos de sus insistentes apuestas en temas de inseguridad y corrupción para conseguir votantes. Finalmente, existen temas novedosos que se han construido como problema público en los últimos años, como la equidad de género y la transformación urbana inteligente, abanderadas por liderazgos emergentes dentro de Movimiento Ciudadano o por el colectivo de candidatos independientes.

¿Qué queda fuera? Principalmente los temas de justicia social. En la mayoría de los casos,  no hay seguridad de que, de ser electos los candidatos y las candidatas a la gubernatura del estado, atenderán cuestiones como medio ambiente, crisis climática, matrimonio igualitario, agenda de paridad de género sustantiva y violencia contra la mujer, desarrollo de grupos indígenas, fin de la pobreza, movilidad urbana y regularización de servicios básicos y terrenos. Lo mismo ocurre respecto a temas de transparencia o derecho a la información.

Se presentan grandes posibilidades de que Nuevo León vea transformada la estructura de su sistema político en las próximas elecciones, pero existe un riesgo igual de grande de que no se aborden los problemas crónicos de la entidad federativa.

 

Conclusión

Una característica de las últimas décadas en el sistema político del estado de Nuevo León era el bipartidismo. Entre PRI y PAN se distribuían y alternaban el control del poder, tanto en la mayoría parlamentaria del Congreso del Estado, como en el control de los municipios más importantes del área metropolitana.

El punto de quiebre de este bipartidismo fue la elección de 2015. El triunfo de Jaime Rodríguez demostró que, ante divisiones internas, los incentivos de la disciplina ya no eran suficientes para permanecer en el partido. Y, como se esperaba, en las elecciones de 2021 se produjo una masificación de este fenómeno: del PRI y el PAN hacia Morena en mayor medida.

De cualquier manera, a pesar de esta ruptura, no hay cambios radicales en la clase política local. Aparte de contadas excepciones, como algunas candidaturas de Movimiento Ciudadano y el colectivo El Futuro Florece, no hay un claro recambio generacional.

Pero aunque los candidatos y sus propuestas sean siempre más o menos las mismas, los problemas públicos del estado han cambiado sustancialmente en la última década. Cuestiones como la agenda ambiental, la movilidad urbana y la paridad de género, se han vuelto trascendentes.

Aun así, estas elecciones ganan importancia si se toma una perspectiva histórica, pues fórmulas como Samuel García-Luis Donaldo Colosio Rojas (respectivos candidatos a gobernador y alcalde de Monterrey por MC) podrían redefinir el futuro del sistema político neoleonés y asegurar la ruptura del bipartidismo PRI-PAN en el Estado.

 

Referencias

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Notas

[1] Chapulineo: se refiere al cambio de partido por parte de legisladores o integrantes de instituciones políticas por desacuerdos con líderes parlamentarios o dirigentes nacionales.