3. Centroamérica y México: flujos migratorios hacia el Norte
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Foto de US Department of State en Wikimedia.

Bukele, el amigo de Trump, y su política migratoria

 
Amparo Marroquín Parducci

Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. UCA, El Salvador

 

 

 

El Presidente de mi país

se llama hoy por hoy Coronel Fidel Sánchez Hernández.

Pero el General Somoza, Presidente de Nicaragua,

también es Presidente de mi país.

Y el General Stroessner, Presidente del Paraguay,

es también un poquito Presidente de mi país, aunque menos

que el Presidente de Honduras o sea

el General López Arellano, y más que el Presidente de Haití,

Monsieur Duvalier.

Y el Presidente de los Estados Unidos es más Presidente de mi país,

que el Presidente de mi país,

ese que, como dije, hoy por hoy,

se llama Coronel Fidel Sánchez Hernández.

Roque Dalton. O.E.A., del libro Taberna y otros lugares, 1969

 

 

La migración, la movilidad de la región centroamericana, no es un tema nuevo. Está en las agendas desde hace mucho tiempo. Podemos pensar mucho sobre la frontera que en 1848 partió en dos el territorio mexicano y separó desde un tratado el norte y el sur. Podemos pensar mucho sobre esa Frontera (con mayúsculas), sobre la Línea, sobre esos 3,185 kilómetros de ríos, desiertos y mercados. Esa Frontera es el mayor corredor humano de migrantes indocumentados en el mundo. Y parece que todos los esfuerzos sistemáticos y políticos para frenar esa movilidad no han conseguido detenerla, a veces parecería más bien que la han aumentado.

Y mucho antes de la llegada de Donald Trump, los esfuerzos para detener la inmigración irregular, las estigmatizaciones a los migrantes y las narrativas que señalan que la migración es un grave problema y un peligro para quien opta por ese proyecto, han estado ahí (Rocha, 2006). Sin embargo, esto no ha disuadido a la población salvadoreña, en particular y la centroamericana, en general, a decidirse por un proyecto migrante. Para entender lo que ha sucedido, puede ser de utilidad un breve repaso de algunas de las políticas centrales.

En octubre de 1994, el presidente Bill Clinton impulsó la operación Gatekeeper, un plan para disuadir a los migrantes de cruzar la frontera y empujar a aquellos que aún lo intentaban a buscar caminos hacia el este, más inhóspitos, en donde podían ser capturados con mayor facilidad [1]. Por supuesto, esta operación implicó un mayor número de personas que morían intentando cruzar, un aumento en los costos del viaje, un proceso de asociación entre el oficio del coyotaje y el crimen organizado y un reacomodo de las formas y proyectos migratorios, que dejaron de ser temporales y se volvieron más permanentes. En 1997, nos dice Jorge Ramos, ya se hablaba de una crisis desbordada que debía ser manejada con mucho cuidado [2]. Los ataques de septiembre de 2001 que sucedieron en Estados Unidos, inauguraron un siglo que estaba ya decidido a mover la migración del lugar que hasta entonces había ocupado en la política. A partir de ese momento, hablar de migración implicaba discutir sobre seguridad nacional y terrorismo. A pesar de ello, la población salvadoreña migrante tuvo una rendija de esperanza por donde se coló una luz. El 13 de enero y el 13 de febrero de 2001 se registraron dos fuertes terremotos en el territorio nacional salvadoreño y las pérdidas en vidas humanas, los desaparecidos y el desgaste en la economía nacional (más de 1,600 millones de dólares en pérdidas) fueron tales, que en marzo de ese año Estados Unidos designó a El Salvador con un “estatus de protección temporal” (TPS, por sus siglas en inglés) que ha permitido a más de 200,000 salvadoreños no solo obtener una autorización de trabajo, sino una promesa de estabilidad.

Mientras tanto, la visión de la migración como amenaza se reafirmó y llegó a su clímax en 2005, con la aprobación por parte del Congreso estadounidense del proyecto de ley H.R.4437: Protección Fronteriza, Antiterrorismo y Control de Inmigración Ilegal,[3] también conocido como “ley Sensenbrenner” que obligaba a los contratistas a comprobar el estatus migratorio de sus trabajadores y aumentaba las penas para quienes se vincularan con jornaleros indocumentados. Los niveles de criminalización fueron tales, que llevaron a una serie de protestas en 2006 que pusieron sobre la mesa la discusión sobre la nación y la pertenencia, los procesos culturales y el aporte de los migrantes a sus países de residencia (Butler y Spivak, 2009).

En todos y cada uno de estos procesos, los gobiernos salvadoreños acompañaron y apoyaron las decisiones del gobierno de Estados Unidos, mientras las personas migrantes sufrían las consecuencias. Esta actitud parece ser un rasgo fundacional de la nación. Cuando en 1821 se declaró la independencia de Centroamérica, los debates sobre el nuevo rumbo iniciaron. En enero de 1822 la gran mayoría de provincias decidió anexarse al imperio mexicano. Algunas historiografías que circulan y se repiten señalan que El Salvador, en cambio, optó por ser una república completamente independiente. Sin embargo, existe evidencia documentada de que las élites salvadoreñas señalaron su rechazo a la anexión a México y conformaron una comisión que viajó a Washington para negociar una anexión con Estados Unidos, la cual fue recibida sin entusiasmo y no progresó (Huezo-Mixco, 2007). Parece que esa tónica ha continuado en la relación entre El Salvador y Estados Unidos. Entusiasmo de un lado, indiferencia del otro.

En los años recientes, en todo caso, la migración salvadoreña hacia Estados Unidos, que aumentó significativamente después de la firma de los acuerdos de paz, de acuerdo con los datos de Flacso El Salvador y Alianza Américas, la emigración no solo aumenta, sino que ha crecido más cuando el destino es Estados Unidos . Ya para el año 2000, 85 de cada 100 emigrantes salvadoreños se encontraban en el territorio estadounidense.  (Insertar gráfico)

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Si pensamos en las políticas más recientes, el último gobierno de ARENA fue el de Elías Antonio Saca (2004-2009). A lo largo de su mandato, repitió a través de su publicidad y en muchos de sus discursos que una de las grandes riquezas de El Salvador era que mucha de su gente vivía fuera del país, y que esto abría la puerta a los beneficios más importantes de los tratados de libre comercio. Durante su mandato, proliferaron pancartas y anuncios que señalaban que “En Cuba es un crimen pensar, hablar y emigrar; en El Salvador, no”. Como había hecho su predecesor, Francisco Flores, el presidente con el que se inició el TPS, Saca se congratuló porque durante su mandato se había conseguido que Estados Unidos aprobara una prórroga al TPS.

El presidente Mauricio Funes (2009-2014) tuvo que afrontar una de las tragedias más duras en relación con la migración. En agosto de 2010, 72 migrantes fueron asesinados, aparentemente por el cártel de los Zetas. Catorce de las personas cuyos cuerpos fueron encontrados eran salvadoreños. Funes no ofreció declaraciones al respecto. El canciller de ese momento, Hugo Martínez, lamentó lo sucedido y señaló que El Salvador mantendría una total colaboración con el gobierno mexicano. Ante una declaración y una condena tan suave y comprensible, incluso el periódico la Jornada ironizó en su caricatura sobre la reacción diplomática (Insertar Helguera en La Jornada). Como ya habían hecho el presidente Flores y el presidente Saca, Funes celebró que su gobierno había conseguido una extensión del TPS y, sin que estas situaciones recibieran demasiada cobertura mediática, permitió que el presidente Obama deportara una cantidad cada vez mayor de migrantes salvadoreños que, de forma violenta, se encontraron de nuevo en el país que habían decidido dejar.

El presidente Salvador Sánchez Cerén (2014-2019) continuó esta postura. El presidente Obama se reunión tanto con él, como con Juan Orlando Hernández, de Honduras y Otto Pérez Molina, de Guatemala; para firmar un acuerdo en donde los tres gobiernos se comprometían a desincentivar la migración, difundir campañas que mostraran los riesgos y peligros del camino y disminuir el número efectivo de migrantes que buscaban cruzar hacia Estados Unidos. Como sucedió con los gobiernos anteriores, Sánchez Cerén celebró que, gracias a las gestiones de su gobierno desde la cancillería, había sido otorgada una nueva prórroga al TPS. Eso sí, durante este período presidencial, Donald Trump llegó al poder en Estados Unidos y anunció que el TPS para los salvadoreños dejaría de tener vigencia a partir del 2020. No hubo ningún plan que previera lo que el regreso de casi medio millón de salvadoreños implicaría para el país y cómo podía afrontarse una posible situación de retorno involuntario.

El presidente Nayib Bukele (2019- a la fecha) asumió su presidencia durante el período de Trump en Estados Unidos y de inmediato le envió mensajes de amistad, en la mejor tradición de la comitiva que en 1822 viajó a Washington. No llevaba un mes en la presidencia cuando enfrentó una tragedia mediática: Óscar Martínez, un joven salvadoreño de 25 años y su hija de 1 año y 9 meses murieron ahogados en el río Bravo. Bukele se cuidó de señalar las políticas de Estados Unidos como las causantes de esta tragedia e insistió en que “la culpa era de El Salvador”, que no bajaba los niveles de migración porque las personas estaban desesperadas. Después de un breve mea culpa, se comprometió a que esto no sucedería más y la canciller, Alexandra Hill Tinoco anunció “una ofensiva contra los coyotes” [4]. En septiembre de 2019, solo dos meses después de asumir la presidencia, Bukele viajó a la capital estadounidense para reunirse con el presidente Donald Trump y durante la visita mencionó que lo admiraba: “Es simpático y 'cool' y los dos usamos mucho Twitter", señaló. Y construyó nuevos compromisos: firmó el acuerdo “tercer país seguro” que permitía deportar a El Salvador a migrantes que entraban a territorio de E.E.U.U. de forma irregular. Inició una policía de fronteras (border patrol salvadoreña) para impedir el paso de migrantes sin documentos y apoyar la militarización de las fronteras. Además de esto y al igual que sus predecesores, Bukele celebró que gracias a sus gestiones el gobierno de Trump había extendido por un año más el TPS y que eso daba un respiro a muchos salvadoreños.

Sin embargo, el presidente Bukele cambió por completo su relación con Estados Unidos cuando el presidente Biden llegó al poder en 2021. Ahí, el discurso de colaboración empezó a resquebrajarse. Estados Unidos ha empezado a señalar que no se trata de construir el muro o de firmar un acuerdo de tercer país seguro, sino se trata de construir gobiernos transparentes y honestos en la región centroamericana, que es esta la única manera de detener la migración, buscando intervenir en las razones más estructurales de este fenómeno: pobreza, exclusión, crisis de transparencia y fragilidad democrática. Al parecer, al presidente Bukele no le ha gustado el cambio de planes y la derrota de su gran amigo y aliado político. Además de burlarse en sus conferencias de prensa y en sus redes de los congresistas estadounidenses [5] (tanto demócratas como republicanos), que le pidieron mayor transparencia y respeto a los medios de comunicación, el 2 de abril hizo un llamado en sus redes sociales para no reelegir a la congresista Norma Torres. [6]

No se trata de un error, tampoco es una política contradictoria. El 26 de abril, el presidente Bukele trinó en Twitter, señalando que vetaría una propuesta de ley especial contra el tráfico ilegal de personas, señalando que no es un crimen migrar. Tiene toda la lógica pues, mientras que al presidente Trump le prometió bajar los índices de migración para que este pudiera mostrarse exitoso en su combate a la migración, al presidente Biden le reivindica el derecho a migrar. Mientras que al presidente Trump le ofrecía endurecer las penas contra los coyotes, ahora pide que se analice la diferencia que hay entre “un traficante y alguien que ayuda a gente desesperada a cruzar la frontera”.

El presidente Bukele se ha reencontrado con el poder de la migración, sabe que esta es una batalla que no es necesario pelear en este momento, y que la economía pandémica posiblemente lleve a un aumento de esas “personas desesperadas”. El presidente ha decidido, en consecuencia, que ahora su lealtad estará con los migrantes y que siempre, siempre, estará de parte de su amigo, el que usó mucho Twitter y que lo recibió en Washington D.C. en los inicios de su mandato.

 

Referencias

Butler, J. y Spivak, G. (2009). ¿Quién le canta al Estado-Nación? Lenguaje, política y pertenencia. Buenos Aires: Paidós.

Huezo-Mixco, M. (2007). Migraciones, cultura y ciudadanía en El Salvador. San Salvador: Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

Rocha, José Luis (2006). “Los ladrillos ideológicos del muro anti-inmigrantes”. En Envío digital. (292). Disponible en: https://www.envio.org.ni/articulo/3322 recuperado el 26 de abril de 2021

Fuentes electrónicas

[1] Ver: https://cnnespanol.cnn.com/2021/04/02/presidente-de-el-salvador-pide-a-latinos-en-california-no-votar-por-congresista-norma-torres-tras-enfrentamiento-por-twitter/

[2] Ver: https://www.nytimes.com/es/2021/04/02/espanol/opinion/la-crisis-perpetua-en-la-frontera.html?campaign_id=42&emc=edit_bn_20210409&instance_id=29023&nl=el-times&regi_id=89513947&segment_id=55253&te=1&user_id=a191b23e2cf2323588186047cd399f03

[3] The Border Protection, Anti-terrorism, and Illegal Immigration Control Act

[4] Ver: https://elfaro.net/es/201906/el_salvador/23444/Canciller-Hill-pide-a-migrantes-que-%E2%80%9Cle-den-chance%E2%80%9D-al-gobierno-de-Bukele.htm?st-full_text=all&tpl=11&fbclid=IwAR1G-kZwvZ95akVr6u76SJ1HpmyZWdNFYicRhvidWCgFsUk8iCpz_WR-cOE

[5] Ver: https://elfaro.net/es/202104/columnas/25396/La-diplomacia-miope-de-Bukele.htm

[6] https://cnnespanol.cnn.com/2021/04/02/presidente-de-el-salvador-pide-a-latinos-en-california-no-votar-por-congresista-norma-torres-tras-enfrentamiento-por-twitter/