1. Energías limpias en México y la región 
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Foto de American Power Association vía Unsplash

La imperativa transición hacia las energías renovables

 
Aleira Lara

Directora de Campañas de Greenpeace México

 

 

La encrucijada de la emergencia climática

 

Entre 1880 y 2017, la temperatura media mundial ha subido 1 º C y sigue aumentando a un ritmo de 0,2 ºC por década (1). El cambio climático es real y está aquí. El aumento de los fenómenos meteorológicos, tanto en frecuencia como en intensidad: incendios forestales, inundaciones, huracanes, sequías, que son un síntoma del cambio climático y cuyos impactos son altísimos para la biodiversidad y para la gente.

La causa del cambio climático es la emisión a la atmósfera de Gases Efecto Invernadero (GEI): dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), ozono (O3), dióxido de nitrógeno (NO2) y vapor de agua. Estos gases son originados principalmente por la quema de combustibles fósiles en las actividades humanas, como son la generación de electricidad, el transporte, los procesos industriales y agropecuarios, al igual que el cambio de uso de suelo.

El Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) ha hecho sonar las alarmas a nivel global, advirtiéndonos que de superar los 1.5° de incremento en la temperatura de la superficie terrestre, enfrentaremos graves impactos en los ecosistemas, la biodiversidad y en la vida, tal como la conocemos, al agudizarse los procesos de desertificación, las sequías, los cambios en los ciclos hidrológicos y agrícolas, el aumento en el nivel del mar y en la temperatura oceánica, añadidos a la acidificación de los océanos y el incremento en la intensidad y frecuencia de los fenómenos hidrometeorológicos.

Según el Inventario Nacional de Emisiones de Gases y Compuestos de Efecto Invernadero de 2015, la generación de electricidad es la segunda fuente de emisiones de GEI más importante en nuestro país, debido a que más del 70% de la generación de energía eléctrica proviene de la quema de fósiles (2).

Resulta alarmante que, a pesar de todas las alertas globales tanto de la comunidad científica del IPCC, como de los testimonios de las personas afectadas por eventos climáticos, el gobierno mexicano siga incentivando el uso de combustibles fósiles para la generación de electricidad.

 

Energías renovables social y ambientalmente viables

Existe una amplia gama de alternativas y escenarios técnicos para la integración de las energías renovables [ER] en la matriz energética de nuestro país, particularmente solar, eólica, geotérmica, minihidroeléctrica y la proveniente de la biomasa. Es importante enfatizar que ni las grandes hidroeléctricas ni la energía nuclear deben considerarse energías limpias, dado su gran impacto socioambiental.

Mientras que la Ley de la Industria Eléctrica (LIE) considera como energía limpia la proveniente de centrales hidroeléctricas y define como renovables únicamente al movimiento del agua en cauces naturales o en aquellos artificiales con embalses ya existentes, con sistemas de generación de capacidad menor o igual a 30 MW (3), la Ley de Transición Energética (LTE) define a las energías renovables como aquellas cuya fuente reside en fenómenos de la naturaleza, procesos o materiales susceptibles de ser transformados en energía aprovechable por el ser humano y que se encuentran disponibles de forma continua o periódica, y cuya generación no libera emisiones contaminantes (4). Tal es el caso del viento, la radiación solar, la energía oceánica en sus distintas formas, el calor de los yacimientos geotérmicos y algunos bioenergéticos.

La diferenciación ha respondido más a un debate político que técnico. La discusión sobre la reforma energética, que se generó en 2013 en el Senado de la República, promovió que la definición de energía limpia y sustentable diera cabida a fuentes que no son renovables para favorecer a algunos sectores del mercado y no dejar fuera a empresas que utilizan gas natural, a pesar de que éste es una fuente fósil de energía.

 

En la gráfica siguiente, puede observarse la clasificación de las fuentes limpias que hace el Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias (INEEL).

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Una vez aclarado lo anterior, observamos que la participación de las fuentes renovables de energía ha sido mínima en las últimas cinco administraciones de gobierno. Las energías renovables han mantenido una escasa participación, en términos de energía primaria, de poco menos del 4% y una capacidad instalada del 18%, en contraste con un 64% para combustibles fósiles (5), debido a la escasa voluntad política para permitir la participación de este tipo de energías en la matriz energética y la falta de impulso a la industria de las renovables.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador no sólo no ha impulsado la transición energética hacia fuentes renovables, sino que la ha bloqueado argumentando que son una fuente copada por el sector privado con contratos leoninos, estigmatizando al modelo de energías renovables con las prácticas que han caracterizado los proyectos implementados hasta la fecha. El problema no es el tipo de tecnología, sino la lógica extractivista que ha marcado la implementación de los proyectos, sean fósiles o renovables. Esto no puede extrapolarse a la tecnología per se. Las renovables pueden fortalecer la soberanía energética del país con la rectoría del Estado sobre proyectos de generación eléctrica renovable, a fin de garantizar el total respeto a los derechos humanos, al igual que a la justicia social y ambiental.

 

La soberanía energética puede ser renovable

 

Bajo el cobijo del modelo de energía fósil, se calcula que más del 40% de los hogares mexicanos se encuentra en situación de pobreza energética, es decir, no cuentan con los recursos energéticos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas o bien destinan una parte elevada de sus ingresos a este rubro.

 

Lo anterior resulta paradójico cuando México cuenta con abundantes recursos solares y eólicos, suficientes para generar el 100% de la energía consumida anualmente en el país (6), incluso podría existir un excedente que podría ser exportado.

Nuestro país podría cubrir el 100% de su consumo energético a través de fuentes de energía renovable, e incluso estas podrían aportar un excedente para ser exportado.

La International Renewable Energy Agency (IRENA) ha apuntado que la implementación de una ruta ambiciosa de energías renovables hacia el 2030, brindaría la oportunidad de reducir la demanda total de carbón en México en un 62%, de gas natural en un 21% y de petróleo en un 6%. IRENA proyecta que una participación de energías renovables de un 21% para 2030 en la matriz energética, además de abonar al cumplimiento del acuerdo de París signado por México, estaría promoviendo un ahorro económico significativo directo de 1.6 mil millones de dólares netos anuales en el sistema energético total de México, además de externalidades positivas como la disminución en afectaciones a la salud humana por la reducción de la contaminación del aire y la reducción de emisiones de bióxido de carbono (CO2), que representa entre 4.6 a 11.6 mil millones de dólares anualmente (7).

Si bien la capacidad actual instalada de generación de energía eólica en el país es de 8 giga watts (GW), el potencial de generación es de 158 hasta 583 GW anuales, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Energía Eólica.

El potencial solar del país es de los más altos a nivel mundial. La irradiación solar global en México, en promedio, es de 5 kWh/día/m²; (8) La Cooperación Técnica Alemana (GIZ) ha apuntado que, tomando en cuenta una eficiencia del 15%, bastarían 25 km2 del desierto de Sonora o Chihuahua para generar la energía.

La acción climática de nuestro país ha sido insuficiente, pues no se ha cumplido con las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC, por sus siglas en inglés) acordadas en París y, aun cumpliendo con ellas, estaríamos lejos de una trayectoria de 1.5°C, por lo que debemos aumentar urgentemente las ambiciones en esta materia y, sobre todo, llevar a cabo acciones para cumplirlas. La elaboración del Programa Especial de Transición Energética 2020-2024 y la reelaboración de las NDC, son dos elementos clave para la definición de la política climática nacional durante esta administración, y es imperativo que esta sea renovable, ambiciosa y urgente

Fuentes:

  1. IPCC. 2018. Último informe del IPCC. Global Warming of 1.5°C. IPCC. http://www.ipcc.ch/report/sr15/
     

  2. Inventario Nacional de Emisiones de Gases y Compuestos de Efecto Invernadero de 2015.
     

  3. Ley de la Industria Eléctrica, artículo 3, fracción XXII.
     

  4. Ley de Transición Energética, artículo 3. fracción XVI
     

  5. Capacidad instalada por tipo de tecnología al 2020. Fuente: Sistema de Información Energética, 2020.
     

  6. Villarreal, J & Tornel, C.. (2017). La Transición Energética en México: retos y oportunidades para una política ambientalmente sustentable y socialmente inclusiva. México: FES. http://library.fes.de/pdf-files/bueros/mexiko/13901-20171211.pdf
     

  7. IRENA: A Renewable Energy Roadmap (2015)
     

  8. IRENA, Renewable Energy Prospects.
     

  9. GIZ, Programa de fomento de sistemas fotovoltaicos en México