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Elecciones intermedias en un país con crisis múltiples
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PRESENTACIÓN

 

Elio Villaseñor Gómez

Director de Iniciativa Ciudadana para la Promoción de la Cultura del Diálogo A.C.

En México, iniciamos el año 2021 con un cúmulo de preocupaciones y grandes contrastes en el ambiente político, social y económico. Al igual que el 2020 que recién terminó, este año comienza con un panorama interno y externo como pocas veces se había visto.

Es un arranque de año en el que la población deposita mucha de su esperanza en que las autoridades logren controlar la pandemia por el COVID-19, que se ha expandido con los contagios y, lamentablemente, con un saldo letal de más de 150 mil decesos a causa de esa enfermedad.

Esa esperanza se cifra en la inoculación de la población con las vacunas con las que se promete frenar la pandemia y, con ello, las tragedias humanas que se han agravado por la falta de empleo. Las personas y el gobierno confiamos en que, con la vacunación masiva, se logren reactivar las actividades productivas y la dinámica de una economía que pierde fuerza con mucha velocidad, situación que puede verse, de acuerdo con cifras del INEGI, con la pérdida de 626 mil empleos al cierre del 2020.

De ahí la preocupación en el sentido de que, si la vacunación y el control de la pandemia no se resuelven exitosamente en este año, persista la incertidumbre en el futuro inmediato para el grueso de la población. La realidad de nuestro país perfila un escenario en el que no se atisba la esperanza de que pronto saldremos adelante y prevalecen la incertidumbre y el miedo.

En ese sentido, el mayor desafío del gobierno en materia sanitaria se resume en combatir la pandemia de COVID-19, con un sistema de salud desmantelado y pocos recursos en comparación con el tamaño del reto.

A todo ello, cabe añadir que este año será de elecciones intermedias, que han sido calificadas como históricas. En ellas las que las personas ciudadanas nos veremos bombardeadas durante las campañas por un golpeteo incesante de spots en los medios de comunicación y en las redes sociales que, como ya es ‘tradición’, adjetivan, cuestionan, reclaman y predisponen a la descalificación y a la polarización, bases de la diatriba imperante en el ámbito político.

Es de esperar que en ese clima de lucha electoral, las prioridades ciudadanas de salud, trabajo y seguridad no sean temas eje en las narrativas de los políticos que aspiran a un cargo público, pues sin duda se nos ofrecerá la oferta de pronta solución a nuestros problemas para mantener el optimismo, aunque lo único que veremos será un escenario donde unos y otros se golpearán discursivamente para sacar la mejor tajada político-electoral.

Es muy probable que lo anterior se confirme, pues en la elección del 6 junio habrá 3 mil 501 cargos en disputa, que los partidos nacionales con registro y tres nuevos que lo obtuvieron (Redes Sociales Progresistas (RSP), Partido Encuentro Solidario (PES) y Fuerza Social por México), habrán de contender por 15 gubernaturas, 500 diputaciones federales (300 por mayoría relativa y 200 por la vía plurinominal), 1,923 alcaldías y 1,063 diputaciones locales en 30 de los 32 estados, cuyos resultados en las urnas habrán de redefinir el mapa político de México.

En ese marco, es probable que la arena electoral sea finalmente una plataforma desde la que se ofrezcan soluciones mágicas y propuestas proselitistas, que se enarbolarán como soluciones para los problemas más acuciantes del país y sus habitantes.

En virtud de ello, es predecible que las campañas no se convertirán en elementos que permitan crear espacios de construcción de diálogos entre las personas candidatas y la ciudadanía, para dar pasos reales hacia soluciones concretas y palpables frente a la complejidad de la agenda del país, pues como suele ocurrir en campañas electorales, se ofrecerán regalos, dádivas o simplemente se harán ofrecimientos que sólo distraerán a las personas de los problemas.

Además, como las campañas tendrán lugar a través de las redes sociales, es factible que se emita propaganda política sin ningún contenido social, cuando para la ciudadanía es deseable que se propongan proyectos con visión de corto y de largo plazo, mediante los cuales se contrasten las opciones y propósitos de políticas públicas que puedan instrumentarse para abatir los más ingentes problemas sociales y de gobierno. En su lugar, se puede apostar a que atestiguaremos una sórdida pelea por el poder.

En ese marco, no hay que perder de vista que en México, la política y el sistema de partidos atraviesan por un periodo de desconfianza, por lo que la propaganda electoral requerirá ser más contundente al intentar convencer y pedir el voto a la ciudadanía. Para los partidos, esto deberá ponderarse como una alerta ciudadana, pues en el proceso electoral en marcha se confirmarán dos elementos con alta significación política y que marcarán la pauta de las actividades legislativas y de gobierno: los deseos de reelección de muchos diputados federales y cómo esto influirá en las negociaciones entre partidos en el Legislativo. Desde ahora, esta  circunstancia, se perfila como un parteaguas, para quien gane o pierda la mayoría de la Cámara de Diputados.

En este momento definitorio para el país, es muy importante que la ciudadanía de a pie, las organizaciones sociales, civiles y los académicos pongamos sobre la palestra los temas urgentes de la agenda nacional, acompañándolas de propuestas propias de la sociedad y la ciudadanía organizada, privilegiando un enfoque que parta desde un entorno local hacia lo regional y lo nacional, como elemento imprescindible para la formulación de políticas públicas viables.

Ello es apremiante, porque en el terreno de la vida social las realidades son muy complicadas. Sobre todo porque el actual proceso transicional ha estado acompañado de un crecimiento deficiente de la economía, por una persistente desigualdad social y los fenómenos de exclusión aunados a ella, por el aumento alarmante de la delincuencia, por la reproducción datos paralelos que escinden a los ciudadanos, por un frágil y contrahecho Estado de derecho y por una vida pública estridente e ininteligible. En suma, por una escasa cohesión social.

En esa perspectiva, los ciudadanos tendremos que impulsar una serie de propuestas económicas, sociales y políticas para modificar en positivo la actual narrativa de la clase política, que recalca cotidianamente que todo marcha bien. Así como para anular la obcecación de que los asuntos públicos serán solucionados por la mano de una sola persona, que nutre todos los días la confrontación con un discurso en el que se ponderan datos a modo sobre la realidad de la salud pública y la economía nacional.

El reto estriba en que la ciudadanía se convierta en un actor no sólo proactivo sino propositivo, que le permita crear un ambiente de colaboración entre todos los sectores para convergir en esfuerzos comunes en la construcción de soluciones viables, además de resiliencia para enfrentar los grandes temas de la agenda pública.

En ese tenor, no existe un modelo alternativo que cuente con suficiente apoyo social, pues es patente el desencanto ciudadano con los partidos y los políticos, en todos los ámbitos que impactan a la sociedad.

El problema de fondo es que el desaliento no solo es fruto de las perspectivas del gobierno que han sido rebasadas, sino de las realidades existentes. Por ello es apremiante que la ciudadanía evitemos mantenernos solo como actores que atestiguan la inercia de la política nacional y aprovechar positivamente los potenciales puentes de diálogo entre representados y representantes, para que no sean ignorados nuevamente.

Los ciudadanos tenemos en lo inmediato una gran disputa electoral, como lo hicimos en 2018. Es momento propicio para clamar un “ya basta” a la corrupción y la pobreza. Es hora de ser actores con propuestas de solución a problemas concretos de la salud, el empleo y la seguridad, con la consigna de que nadie se quede atrás.

Ciudadanas y ciudadanos tenemos una tarea fundamental en este momento, que es lograr la aportación y colaboración de los distintos actores para solucionar los problemas más urgentes del país. Es imperioso detener la polarización y sacar a la luz la reserva espiritual de la solidaridad, que ha sido la fuerza de las mexicanas y los mexicanos para enfrentar las grandes adversidades en nuestro país.

Ciudadanas y ciudadanos tenemos una tarea fundamental en este momento, que es lograr la aportación y colaboración de los distintos actores para solucionar los problemas más urgentes del país. Es imperioso detener la polarización y sacar a la luz la reserva espiritual de la solidaridad, que ha sido la fuerza de las mexicanas y los mexicanos para enfrentar las grandes adversidades en nuestro país.