3. Una crónica sobre la pandemia

Foto de Marco Ugarte/AP.

Apuntes sobre un caso sospechoso de Covid-19 en la Ciudad de México

 
Dana Corres

Consultora en Comunicación

El otro día salí al super después de 5 semanas de no salir de casa. Era un sábado por la tarde. En un inicio lo único que me sorprendió fue lo tranquilo de la calle y las pocas personas que había en ellas: ni un niño o una niña.

Salí con algo de miedo… pero también emocionada de poder ir al supermercado y caminar la calle después de muchas semanas. Desde mediados de marzo entré en confinamiento voluntario y la única vez que salí al super estoy casi segura de que agarré el bicho. Unos días después empecé a sentirme mal: fatigadísima y con un dolor de garganta fuerte. Al día siguiente empecé con mucha tos seca.

Por principio quise creer que no era nada “seguro es que dormí con la ventana abierta y por eso me siento así” o “es una simple gripa y ya pasará” … pero, a medida que pasaban las horas, los síntomas eran “raros”, era una gripa extraña. Es decir, cuando te da una gripe tú sabes cómo se siente tu cuerpo: los síntomas son indiscutibles porque llevas toda la vida sufriendo gripas. El cuerpo cortado, la cabeza embotada, el cansancio… Pero estos síntomas eran diferentes: mucha tos seca y mucho dolor de garganta. Hubo días que me sentí bien y con la tranquilidad de saber que ya había salido de lo que quiera que fuera eso… y a las pocas horas me tenía que volver a recostar porque me sentía mal de nuevo. Al tercer día, subiendo las escaleras de mi edificio tras recibir un paquete, me faltó el aire. Me espanté. Entonces empecé a pensar que quizá sí era COVID19, pero trataba de convencerme de que no. Para entonces ya había hablado con mi médico quien me dio instrucciones de sólo tomar paracetamol en caso de que sí fuera el bicho y además me ordenó no salir en lo absoluto. Así lo hice y en casa seguimos todas las recomendaciones para no contagiar a los demás.

También corroboré con amigos y amigas en otros países: quería tener la certeza de estar haciendo lo correcto. Y sí: amigos y amigas con síntomas en UK, en Nueva York y en España recibiendo las mismas instrucciones que yo veía en la conferencia de las 19 hrs.: si tienes síntomas y no son graves, debes quedarte en casa y asumir que tienes COVID. En medio de la vorágine mediática esto me daba paz. Desde febrero hay tanto ruido en redes sociales, en grupos de Whatsapp, en la televisión que me era imposible sentirme tranquila sobre no correr al hospital a exigir que me hicieran la prueba para corroborar que tenía COVID. Lo cierto también es que ser una asidua seguidora de la conferencia con el Dr. López Gatell me ayudó a disminuir mucho mi ansiedad de los primeros días: la poca certeza del futuro, los pronósticos de una crisis terrible (que se asemejaba al fin del mundo). Estar cierta en que lo que recomendaban las autoridades sanitarias mexicanas coincidía con lo que recomendaban las autoridades sanitarias en otros países me dio tranquilidad.

Sin embargo, después de cinco días de estos síntomas que iban y venían y una noche de insomnio leyendo en diversas páginas oficiales sobre síntomas (tan distintos y variados) me decidí a enviar mi SMS al servicio de mensajes de COVID habilitado por el Gobierno de la Ciudad de México. Pensé que eso me daría mayor tranquilidad sobre si era o no sospechosa de COVID19 y pensé que mi labor como ciudadana era contribuir con los números que se estaban construyendo sobre la epidemia, además de que en caso de ponerme grave, las autoridades tendrían mi información completa: nombre, dirección, alergias… Contesté a las preguntas dentro del formato SMS (que, supe después, se les conoce como “tamizaje”y que, según el diccionario, se refiere a examinar minuciosamente algo y que en el ámbito de la salud se refiere a hacer una serie de preguntas para examinar una situación). El resultado fue: “usted es altamente sospechosa de COVID19, en menos de 30 minutos alguien de locatel se pondrá en contacto con usted para darle continuidad a su casa”. Así fue: menos de 30 minutos después recibí una llamada de una señorita muy amable que repitió algunas de las preguntas hechas vía SMS y que profundizó con nuevas preguntas. La conclusión fue la misma: “usted es sospechosa de haberse contagiado de COVID19. Dado que no ha tenido problemas para respirar y su caso no parece ser grave, le pedimos que se quede en casa. En unos días la buscarán de Secretaría de Salud para darle continuidad a su caso. Le pido paciencia para este seguimiento dado que estamos recibiendo muchas llamadas y su caso no parece ser grave. Siga tomando su paracetamol y nos pondremos en contacto con usted”. Así lo hice y agradecí en mi fuero interno la honestidad del “sea paciente, nos vamos a tardar”. Seguí tomando paracetamol de 750 grs cada cierto número de horas (a pesar de mi reticencia porque prefiero el ibuprofeno que es más fuerte, pero mi médico me dio instrucciones de no tomar ibuprofeno por las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud [1]de tratar los malestares por COVID19 con paracetamol) y tomar graneodin para el fuerte dolor de garganta.

Pasaron otros 4 días y por fin empezaba a ver la luz, aunque con algo de desconfianza: ya antes me había sentido mejor, para sentirme mal de nuevo unas horas después. Fue cuando ya estaba casi segura en que ya estaba saliendo de la enfermedad, que recibí una llamada de Secretaría de Salud para darme continuidad (unos 4 días después de la primer llamada de Locatel). Les dije que ya me sentía mejor y me dijeron que justo ese día se empezaban a repartir los kits de apoyo médico a sospechosos de COVID. Ya había yo visto algo en la televisión sobre esos kits y la verdad es que agradecí la medida: en días anteriores a mis síntomas me había sido imposible conseguir tapabocas o gel antibacterial así que sabía que me vendría bien recibir ese kit. Unas horas después me volvieron a marcar para avisarme que estaban afuera de mi casa, la instrucción fue clara: no salga de su casa ya que es posible contagio. Entregaremos su kit a alguien de su familia. Así fue: mi primo bajó y recibió el paquete. Al subir mi sorpresa fue grande: estaba el kit que yo había visto en televisión, pero también una caja mucho más grande.

— ¿Qué es esto?, le pregunté a mi primo.

— Pues no sé, es para ti.

— ¿Cómo? ¿Te dieron estas dos cajas o es otra cosa que pedí?

— No, no. Me dieron estas dos cajas. Yo no sé qué es, yo sólo las recibí.

Me sentía contrariada. Entonces abrí la caja y descubrí una despensa. Fue muy raro recibir eso. Sentí… bonito. Entendí que hacían eso para obligarte a no salir de casa y me pareció un gran incentivo. De inmediato pensé en el estado de bienestar nórdico y recordé las cajas de cartón que dan en Finlandia para los recién nacidos[2] (sin importar quiénes son o hijos e hijas de quiénes sean) y sus experimentos sobre el ingreso básico universal[3]. Sí, me emocioné. En mis 33 años de vida nunca había recibido una cosa así de parte de un gobierno. También, por un rato, me sentí mal porque sé que no tengo la necesidad de una despensa y hay quién sí. Sin embargo, al pensarlo también me di cuenta de lo importante de la acción: sin importar quién era, yo recibía, como muchos otros y otras, un incentivo para quedarme en casa, no había excusa para salir porque acababa de recibir alimento para varios días. Me pareció una gran acción y también me sentí conmovida por ser receptora de una acción así.

En ese estado de conmoción lo compartí en dos chats con grupos de amigos y amigas. Fueron dos de ellas quienes me dijeron: tuitéalo porque qué emoción este gobierno. Y sí; saqué el contenido de ambas cajas, las puse sobre la mesa de mi comedor y les tomé fotos. Sobre la mesa se puede ver una frondosa albahaca que ama la luz que entra por el ventanal de mi comedor y que ha encontrado en ese espacio un lugar para crecer. Yo no lo sabía entonces, pero era de las primeras receptoras de ese apoyo/incentivo (y mis lectores y seguidores no tardarían en hacérmelo notar). Decidí escribir un pequeño párrafo que mostrara esta conmoción y sorpresa y, además, usé una hipérbole a modo de meme: “¿Qué es esto? ¿_____?” Solemos usar esta expresión para comparar o exagerar con otro espacio al que una situación nos remite: un espacio que no creíamos posible y que se hace realidad a través de la cosa que mostramos.

En cuestión de unas pocas horas, la palabra Suecia y mi nombre (“Dana”) eran trending topics en la Ciudad de México. Empecé a recibir muestras de apoyo, pero también insultos y difamaciones: que si mi tuit era parte de una campaña a favor del gobierno, que si yo era funcionaria (no lo soy), que si las fotos eran falsas y me las había robado de otro usuario… Decidí salirme de twitter unas horas ante el inminente ataque y traté de tomármelo con filosofía: soy activista y especialista en diversos temas y las redes sociales han servido para mostrar mi trabajo y reflexiones. Por ello es por lo que he ido ganando seguidores y algo de notoriedad (al menos en las áreas en las que desarrollo mi trabajo como especialista). Jamás imaginé que un simple tuit que usó una hipérbole y un meme se convertiría en un meme en sí mismo. En los días posteriores vi memes sobre mi tuit: réplicas exactas de mi texto que mostraban fotos de perritos pug, por ejemplo y que, francamente, me hicieron reír muchísimo. Un mes después sigo viendo la frase “¿Qué es esto? ¿Suecia?” aplicada en contextos de incredulidad ante buenas prácticas gubernamentales. Mi afán no era más que el de plasmar mi emoción y por ello me llevé un mar de comentarios. La nota llegó, inclusive, al extranjero, mostrando (a veces con sorna y otras veces con aplausos) la medida instaurada en la Ciudad de México por el gobierno de la ciudad. Al día de hoy el tuit cuenta con millones de views, casi 60 mil likes y 13 mil RTs (más todos aquellos que le tomaron foto para compartirlo). Me alegro, sin embargo, de que sea esta medida la que ha tenido tanto impacto.

Hace unos días, mi médico me dijo algo que me pareció importante para entender esta pandemia: más allá de los errores (que los ha habido en prácticamente todos los países porque no ha habido uno solo preparado con camas de terapia intensiva y respiradores al enorme número de personas enfermas de gravedad), en estos momentos lo que debemos hacer es ayudar. La gente se está muriendo y los hospitales están en plena reconversión: más allá del proyecto político al que apoyemos o de la ideología política que ostentemos, la prioridad debe ser atender a las medidas sanitarias y quedarnos en casa.

Podemos, también, hacer muchas reflexiones alrededor de la pandemia. Pero debemos ser cuidadosos con el discurso: ¿para qué causar miedo? Aceptar, también, nuestras limitaciones sobre lo que sí conocemos y aceptar que no somos expertos y expertas en epidemias.

Me lo tomo con mesura e invito a otros y otras a tomarlo con mesura también: en los próximos meses y con estudios específicos es que sabremos qué tan grave es este virus y qué fue lo que pasó todo 2020 respecto a la pandemia. No adelantemos vísperas. Reconozcamos lo que se hace bien y apoyemos desde nuestra ciudadanía al seguir al pie de la letra todas las recomendaciones.

 

 

Notas

 

[1] Aguirre, Samedi. (2020). ¿El ibuprofeno agrava el COVID-19? No, pero hay mejores medicamentos para tratar los síntomas. 3 de mayo de 2020, de Animal Político. Sitio web: https://www.animalpolitico.com/elsabueso/ibuprofeno-coronavirus-covid-pruebas-efectos/

[2] Rosenberg, Eli. (2016). Why Finland’s Newborns Sleep in Cardboard Cribs. 3 de mayo de 2020, de The New York Times. Sitio web: https://www.nytimes.com/2016/07/07/world/what-in-the-world/finland-baby-box.html

[3] Henley, John. (2018). Finland to end basic income trial after two years. 3 de mayo de 2020, de The Guardian. Sitio web: https://www.theguardian.com/world/2018/apr/23/finland-to-end-basic-income-trial-after-two-years

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